Capítulo 3: De lobos y de hombres

Capítulo 3: De lobos y de hombres

Hace más de 30.000 años los lobos se acercaron a los grupos humanos en busca de comida fácil rebuscando en sus desperdicios. Poco a poco ambas especies empezaron a convivir, cada vez una más cerca una de la otra. El ser humano no tardó en darse cuenta de que la compañía del lobo podría serle provechosa, para la caza, la guarda… Así comenzó una manipulación por la que los ejemplares mejor adaptados a las necesidades del hombre se cruzaban y reproducían. De esta forma, y durante miles de años de cruces y cruces, del lobo (canis lupus) se creó al perro (canis lupus familiaris). A día de hoy esta teoría está aceptada por la práctica totalidad de la comunidad científica, y es que el mapa genético de perro y lobo es prácticamente igual. De ellos puede decirse que pertenecen a la misma especie.

Toda esta historia siempre me hace pensar en qué estrecha y sorprendente conexión ha existido desde el albor de los tiempos entre el hombre y el lobo. Hasta el punto que empezaron a convivir de forma natural por los beneficios que mutuamente se aportaban. También me hace pensar en lo mucho que nos parecemos personas y cánidos; ambos necesitamos vivir en grupo, sociabilizar, organizarnos…Y en cuantas cosas, de las que solo el humano es capaz, nos diferenciamos.

El hombre hoy mata al lobo. No solo porque ataque a sus ovejas. No, lo mata por gusto. Porque hay quien disfruta con la muerte sin objeto, solo por el hecho de matar. Porque al lobo no nos lo comemos. Y su piel hace mucho que nos dejó de hacer falta para taparnos. El lobo ya apenas nos quita nada, y no nos da nada, muerto. Aún así al lobo se le persigue y se le mata, y se le odia. Cómo, si no es por odio puro, se cuelga por el cuello el cadáver de un lobo ibérico en la señal de un pueblo. Cómo, si no es por puro placer asesino existen casetas de tiro (¡prohibidas pero existen!) desde donde se les dispara atrayéndolos con carroña. Y esos que los masacran luego acarician las cabezas de sus perros de caza…A los que luego ahorcan en la rama de un árbol, en buena parte de los casos.

La historia del lobo, del perro, de los animales es siempre la misma, todo lo que hacen lo hacen dictados por el instinto: Matar, vivir, reproducirse, establecer lazos, morir. La historia de los seres humanos es muy distinta: Son capaces de los actos mas nobles de valor, solidaridad, amor, respeto…Y de los más terribles: Asesinar, torturar, violar, maltratar, destruir…

Esa doblez de la especie humana es la que hace que existan individuos capaces de colgar a un lobo muerto a la entrada de un pueblo. Y que existan y hayan existido personas como Félix Rodríguez de la Fuente, el pionero y mayor divulgador de naturaleza que haya visto este país y cuyo trabajo y amor por los animales, muy especialmente por el lobo, resuena con fuerza hasta nuestros días en la noble labor de asociaciones como Lobo Marley, por poner un ejemplo.

Disfrutar observando la belleza de la naturaleza viva, del lobo vivo y libre, es algo que engrandece el alma y la Historia del hombre. Disfrutar exterminando a todo ser vivo no hace más que denigrar al ser humano hasta el abismo más profundo de la maldad.

* Os animo a ver el vídeo de Lobo Marley del enlace  en el que su director Luis Miguel Domínguez, activo y reconocido divulgador de naturaleza, explica muchos datos de cómo actúan las casetas de la muerte y cuál es la terrible situación que están viviendo por atreverse a plantar cara a todos aquellos que se están lucrando de esta práctica ilegal y cruenta. Por favor, en su nombre, os pido que si podéis les déis una pequeña ayuda, la que sea, la necesitan. Y sobretodo el LOBO nos necesita.

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Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

El lobo es el antagonista de todos los cuentos. Entre las transformaciones  del espeluznante Drácula, el lobo es una. Asociado al mal por la más antigua tradición popular hasta el punto de la existencia del término licantropía, que tanto hace referencia a la transfiguración mitológica del hombre en lobo como al transtorno clínico real de quien cree convertirse en lobo.

No hay que reflexionar mucho para entender la raíz de todo este oscuro folklore. El hombre y el lobo son competidores en el medio natural. Y desde que uno se hizo ganadero el otro cazó a sus rebaños. El hecho de amenazar el sustento del ser humano le valió al lobo ser la personificación de lo maligno. Y de ahí surgen todas esas leyendas e historias de monstruos, de niñas engañadas, de abuelas devoradas, de cerditos astutos…

Pero la influencia del lobo en el imaginario popular sobrepasó el oscurantismo de la Edad Media. El grito “¡Qué viene el lobo!” se ha escuchado durante los siglos posteriores hasta bien entrada la era contemporánea. No hay más que acercarse al medio rural para apreciar cuan vigente está la figura del lobo entre los paisanos. Los mayores cuentan historias de juventud, de como iban a perseguir al lobo en grupos por el bosque como parte natural de la vida cotidiana. Como Fulano mató a tal lobo o como tal lobo le mató a Mengano diez ovejas y un mastín. Y no se quedan en historias del pasado. En esos entornos aún hoy se habla de quien y cuando ha visto al lobo.

Me gusta el romanticismo que hay en que se le nombre de esta forma identitaria que le da al animal ese tono casi fantástico o divino. No es lo mismo ver un lobo que ver al lobo. Sin embargo la realidad es mucho más prosaica y triste. Al lobo se le sigue exterminando como en los tiempos más negros de la Humanidad. Porque para el hombre sigue siendo más fácil matar que invertir en medidas sostenibles en una apuesta por el  respeto al medio ambiente y el desarrollo global de valores más elevados.   La leyenda negra del lobo le sigue estigmatizando, y una gran cantidad de gente, por puro desconocimiento, continúa identificando al lobo con aquello que hay que temer.

Como todo lo que supone un avance y una mejora para la sociedad solo con educación y conocimiento se erradicarán comportamientos e ideas aberrantes. Afortunadamente ya somos muchos los que nos interesamos por la vida salvaje y la importancia de su conservación. Pero seríamos muchos más y los problemas se solucionarían antes y mejor si la Administración tomara cartas reales en el asunto. Pero ese, será tema para otro capítulo.

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SERIES VS CINE (Y una reflexión sobre los personajes femeninos)

SERIES VS CINE (Y una reflexión sobre los personajes femeninos)

Hace tiempo que se viene hablando de la calidad de la nueva generación de series de televisión de los últimos años. Los títulos son incontables: Juego de Tronos, Breaking Bad, House of Cards, Sons of Anarchy, y las más antiguas como Los Soprano o The Wire, entre otros títulos.
Mientras que la gran mayoría de los blockbusters estrenados en las salas adolecen de guiones infumables y ausencia de lenguaje cinematográfico, las series de nueva era ofrecen un atractivo panorama de calidad creativa.

Quisiera centrarme en tres títulos como ejemplos de este savoir-faire seriado.
Aunque comenzó hace ya unos años mi último descubrimiento ha sido Girls de la polifacética y absurdamente polémica Lena Dunham. De Girls me gustaría destacar fundamentalmente su guión. Las historias son de las que me gustan. Corrientes, usuales, típicas, posibles: únicas. A través de elaborados diálogos, no por largos o complejos, sino por comunicativos, se dibujan personajes con los que te puedes identificar o en los que puedes identificar a una amiga, a un amigo, a un antiguo novio, a tus padres, a tu jefe… De un modo maravilloso, es decir, inconsciente, vas conociendo y dibujando sus personalidades. Esto es lo que no se dice. Luego habría que prestar atención a lo que se dice. Enunciados llenos de humor y de tristeza. De la realidad de las generaciones jóvenes de este siglo XXI, sin trabajo, sin metas, sin expectativas. Que tienen o han tenido mucho de todo y a la vez no tienen nada. Esos guiones que en cada capítulo tratan una búsqueda de algo que no se conoce, pero se supone nos va a realizar como ser humano. Diálogos que plasman la confusión propia de los veinte años.

Cuando empecé a ver la primera temporada de True Detective pensaba que estaba viendo una serie más. Buena, con dos buenos actores (McConaughey y Harrelson, por si alguien aún no lo sabe) pero una más. Cuan equivocada estaba cuando allá por el tercer capítulo empecé a intuir que había mucho más detrás de lo que se nos estaba contando. Y me quedó confirmado en ese famosísimo plano secuencia del cuarto capítulo. Fue en ese momento cuando me di cuenta que aquél que dirigía sabía, como decía un profesor que tuve, escribir con la cámara.
True Detective fue, sin lugar a dudas, el acontecimiento televisivo del año 2014. Los elogios recibidos a su primera temporada resonaron en todos los medios de comunicación. Todo lo contrario a lo ocurrido con su segunda temporada. Por mi parte me parece muy injusto el maltrato que se le ha dado a esta segunda entrega. La trama es bastante enrevesada, es cierto, pero poco a poco y si estás atento, se van despejando las incógnitas. Y puede que los cuatro protagonistas no sean comparables a los muy carismáticos Rush Cohle y Martin Hart, pero desde luego no son del montón. Pero vuelvo a centrarme en el aspecto semántico de la imagen. En la segunda temporada me pareció muy destacable el plano-contraplano entre Bezzerides y Velcoro. Los dos personajes más relevantes de la serie son equiparados con este largo intercambio de primeros planos. Entendemos que los dos son personajes torturados que por fin han encontrado comprensión uno en el otro. A la vez y jugando con la cantidad de tiempo cada vez menor de duración de cada plano percibimos la tensión sexual creciente entre ambos.

Para terminar mi análisis quiero mencionar una serie que para mí es prácticamente completa en todas sus dimensiones. Me refiero a Fargo que toma el título de la famosa película de los hermanos Coen, que en esta ocasión ejercen solamente como productores.
Aunque, como digo, su guión y aspectos técnicos me parecen sobresalientes, voy a centrarme en sus personajes. En la construcción de los mismos. Tanto en su primera como en su segunda temporada, encontramos en Fargo personajes perfectamente construidos. Personajes de los que descubres su personalidad y motivaciones no solo por lo que dicen sino también por lo que hacen. Además gracias a sutiles detalles llegas a conocerlos paulatinamente de un modo profundo. Buen ejemplo de ello es uno de los antagonistas de la primera temporada, Lester. Un mequetefre que no deja de asombrar al espectador a medida que avanza la historia. Con cada uno de sus actos descubres sus patéticas ambiciones, sus viles motivaciones y ese oscuro corazón encerrado en un minúsculo cuerpo.

Para terminar me gustaría añadir que, coincidencia o no, en estas tres series encontramos potentes personajes femeninos. En Girls resulta obvio con las cuatro veinteañeras que escapan del arquetipo de la chica perfecta. Dunhan muestra sin tapujos las miserias de la vida cotidiana en todas sus facetas: social, laboral, familiar, sexual, sentimental… Y ha sido duramente criticada por ello. En True Detective encontramos a la engañada esposa de Martin que, aunque errada, acaba abandonando su papel sumiso para tomar una posición de poder. Y en la segunda temporada a la sargento Bezzerides, lejos de cualquier tópico femenino. Taciturna, jugadora, bebedora, violenta, y hasta acusada de acoso sexual. Y en Fargo tenemos a mi muy querida agente Molly Solverson que se suma a esos personajes femeninos que huyen del estereotipo. Es muy inteligente, valiente, noble y además guapa…Y no usa una talla 38.

Lejos de los clichés de la mayoría de estrenos cinematográficos las series de televisión ofrecen una alternativa a la ficción cuya originalidad y calidad se impone sobre la gran mayoría de películas de gran difusión.

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LAS MEJORES MALAS DE FICCIÓN

LAS MEJORES MALAS DE FICCIÓN

Hace tiempo ya hice una lista de mis “malos” favoritos. Ahora es el turno de las féminas.

Atia 10- ATIA DE LOS JULIO: La estupenda serie histórica Roma recrea la que probablemente es la época más popular del Imperio Romano, exceptuando la aparición de Jesucristo. Todos los grandes personajes de la Historia aparecen. Julio César, Marco Antonio, Cleopatra…Y entre tanto famoseo un personaje histórico “menor” pero de gran importancia en la ficción. Mi mala número diez es Atia, sobrina de Julio César. Ambiciosa, sin escrúpulos, usa todas las armas a su alcance para procurar el éxito de su familia.

Catherine 9- CATHERINE TRAMELL: O el cruce de piernas más famoso de la historia del cine. Sí, lo habéis acertado, hablamos de Instinto Básico, el momento cumbre en la carrera de Sharon Stone. Sobreactuada hasta la médula, con una de esas tramas que dan entre pena y risa y teniendo como partenaire a un Douglas tan malo como siempre, lo cierto es que el personaje ha quedado grabado en la cultura audiovisual contemporánea. Lo que ya es mucho teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos se pierden como granos de arena en la vastedad de la producción cinematográfica.

Cruella 8- CRUELLA DE VIL: ¿Puede haber algo más malvado y cruel que querer matar a más de cien cachorritos de dálmata para hacerse un abrigo de piel?
Esta es la premisa de esta adicta a la moda cuyo nombre lo dice todo. Obsesionada con el B&W look y unos rasgos semejantes al rostro que Michael Jackson acabaría luciendo en sus últimos años, esta mala, malísima fue llevada a la carne y hueso por la siempre excelente Glenn Close.

Mistica7- MÍSTICA: Para mí, la mutante más guay de todas, superando de largo a las “chicas buenas”. Es fuerte e independiente y tiene la suficiente personalidad como para hacerle frente a Magneto y al Profesor X ella solita. Misteriosa, atormentada, egoísta y con una larga historia a sus espaldas, es un personaje Marvel de inagotables posibilidades.

Reina 6- LA REINA MALVADA (BLANCANIEVES): De todas las brujas malas de Disney (con permiso de los Hermanos Grimm) siempre he pensado que la de Blancanieves se lleva la palma. Es despiadada, trepa y narcisista al extremo. Es por eso que cuando se entera que su hijastra la supera en belleza manda matarla. Es la mala por definición: fría, guapa y cruel.

ratchet 5- ENFERMERA RATCHED: Magnífica antagonista para Jack Nicholson en aquella maravillosa Alguien voló sobre el nido del cuco. Representa todo lo opuesto a Randle McMurphy. Frente a la “locura”, rebeldía y espontaneidad de éste, ella es el paradigma de la rectitud, la firmeza y la racionalidad. Una interpretación sobresaliente de, la poco valorada después, Louise Fletcher que apenas mueve un músculo de la cara ante los desafíos del falso enfermo.

Annie 4- ANNIE WILKES (MISERY): Si hay un personaje femenino que realmente me pone los pelos de punta esa es Annie Wilkes, la psicópata enfermera del libro y posterior película Misery, otra inquietante historia creada por Stephen King. Como pasa en algunos casos, si además ese personaje es interpretado por una magnífica actriz como Kathy Bates, dotando a la siniestra mujer de un físico imponente, adquiere una nueva dimensión más allá del papel. Una buena alegoría de los entresijos del mundo editorial: que obliguen a un escritor a escribir algo que detesta (bajo amenaza de muerte).

Catwoman 3- CATWOMAN: Lo que más me gusta de Catwoman es su ambigüedad. A veces es mala y a veces es buena. Ella va a la suya. A su interés. Es independiente y no le debe nada a nadie. Vamos que el nombre le va como anillo al dedo. Si además todo eso lo metes en un traje de cuero negro y lo dotas de un apabullante sex-appeal, pues entiendo que a Batman se le vaya la olla con ella. Para rizar el rizo la llevas a la realidad en las carnes de la Michelle Pfeiffer, pues ya que más quieres…Lo siento Anne Hathaway, tú no estuviste mal (aunque tu vestuario era lo peor), pero la Pfeiffer es la Pfeiffer…

Y llegamos a los dos primeros puestos… Me ha sido realmente difícil decidirme por quien es la ganadora de las malas, porque top one está muy reñido entre dos grandes y estupendas malas. Pero finalmente he decidido que la mala que ocupe el segundo puesto sea…

Cersei 2- CERSEI LANNISTER: Hay pocas malas que hayan generado tantos odios como la reina Cersei. Los apelativos negativos se quedan cortos con ella: vanidosa, cruel, manipuladora, ruin, maquiavélica… Y sin embargo hay momentos en los que incluso la compadeces. Cersei merece mi desprecio y mi admiración a partes iguales. En el mundo fantástico-medieval de Juego de Tronos (o los libros Canción de Hielo y Fuego) las mujeres no lo tienen nada fácil. Un mal bicho como Cersei es capaz de sobrevivir (de momento) en medio de un mar de testosterona en el que otras se ahogarían. Y encima en la imagen real cuenta con la cara y el cuerpo de Lenna Headey, ahí es nada.

Gemma 1- GEMMA TELLER-MORROW: Y aquí está, la mala que ha conquistado mi corazón (lo siento Cerséi, antes habías sido tu). Hace unos meses consumimos compulsivamente en casa todas las temporadas de Sons of Anarchy, y además de empezar a mirar a los moteros de otro modo, descubrí a un excelente personaje, que en mi opinión, es más protagonista que el protagonista. Gemma es la madre reina de este club shakesperiano y no está dispuesta a que nada, ni nadie le quite ese puesto. Ella no es mala del todo, pero las circunstancias le obligan a serlo. Todo sea por la familia. Por supuesto el personaje no tendría ese enorme carisma si no estuviese acompañada del físico de Katey Sagal. Aquella Peggy de la fenomenal Matrimonio con hijos con un look muy diferente, alimentada a base de cigarrillos y café.

Para terminar quiero citar a Atia de los Julio que en el último capítulo de Roma dijo una frase bien apropiada para todas estas malas: “Mujeres mejores que tú han intentado destruirme…Y ahora están muertas.”

LOS VALENCIANOS SON

LOS VALENCIANOS SON

A la hora de comer siempre vemos las noticias en la redacción. Ataviados con nuestras delicias plastificadas nos reunimos en una mesa redonda a deprimirnos con el telediario de turno. Durante los años que llevo aquí he tenido que asistir al bochornoso espectáculo diario de los casos de corrupción que se han ido destapando en el Gobierno Valenciano. Que si Fabra y su solitario aeropuerto, que si los trajes de Camps, Rita y sus bolsos, Rus y sus declaraciones, Castedo y su amigo Ortiz, etc… Avergonzada de estos fantoches que gobernaban en mi comunidad me iba hundiendo en la silla ante los gestos reprobatorios de mis compañeros.
Los españoles somos mucho de generalizar, a mal claro: los andaluces son, los vascos son, los manchegos son…Y los catalanes, que tanto “son” tienen que aguantar, no iban a ser menos. Así que en numerosas ocasiones he tenido que escuchar eso de: “De Valencia tenía que ser” o “si es que los valencianos.” A veces saltaba hecha una furia a defender mi tierra y sobre todo a sus gentes. Otras, vencida ya por los acontecimientos cada vez más insostenibles, callaba, otorgando razón con mi silencio.

Claro está que esta panda de vividores y mafiosos, anquilosados desde hace tanto en el poder, no representa al pueblo valenciano, o por lo menos a lo que yo conozco de él. Las gentes de la Comunidad Valenciana con las que trato son honradas, sencillas, trabajadoras. ¿De dónde, pues, viene ese voto perenne durante tanto tiempo? Una parte corresponde a esa (estoy convencida) minoría que son tan hampones y sibilinos como los propios políticos en cuestión. Otra, la mayoría, consecuencia de otro extenso Gobierno que arrastró a la Comunidad a la ruina, el del PSOE. Desencantada, la gente retiró en masa su voto a este partido para dárselo al PP, como ocurrió en tantos sitios de España, con la esperanza puesta en el teórico buen hacer económico de la derecha.
El resto es historia, y todos la conocéis. Dejando a un lado todas y variadas formas en las que estos gobernantes han expoliado y devaluado a la Comunidad Valenciana, está el fenómeno de la mala imagen que nos han dado por tanto tiempo. Si a los valencianos les roban sus gobernantes y les siguen votando, es que los valencianos son unos ladrones. Un razonamiento muy simple y por tanto muy extendido.

Pero ay amigos, las cosas iban a cambiar. En Semana Santa, allí en Alicante, asistí con mi inseparable consorte a una procesión. Como ya sabéis soy contraria a todas y cada una de las religiones, pero ver una manifestación flocklórica de esta índole me cautiva desde un punto de vista sociológico. Pero esa, es otra historia.
Como decía ahí estábamos, viendo la procesión, cuando para nuestra sorpresa, identifico a Sonia Castedo vestida de costalera. Aunque ella no cargaba con el paso ni por asomo. Se dedicaba a ir delante tocando una campana (¿?). Estábamos comentándolo, cuando una señora a mi lado me espetó:
– Sí, sí, es la “lladra”.
Ya en casa explicamos la anécdota a la familia, lo que originó un intenso debate que ocupó casi toda la comida, paella en mesa. El tema de discusión era si la gente tiene el gobierno que se merece. ¿Podía ser eso cierto? ¿Eran estos granujas los políticos que los valencianos querían como representantes? ¿Se sentían identificados con ellos? Solo las próximas elecciones podrían arrojar algo de luz sobre tan controvertido asunto.

El día 25 de mayo miré en el metro los resultados electorales en las distintas comunidades, fundamentalmente en la que vivo y de la que pertenezco. En Catalunya CIU, casi por tradición, volvía a vencer en la Generalitat. Pero en Barcelona ocurría un hito histórico. Ada Colau echaba a un lado a los partidos típicos. Y en mi amada Comunidad Valenciana el trono de hierro del PP se hacía añicos. Como en tantos otros lugares del país, los votantes, hartos de las pútridas estructuras clásicas, se habían decantado por las formaciones populares, que claman por los intereses del pueblo. Divididos en muchos pequeñitos, los votos superaban en número a los de los habituales. Y por fin estuve de acuerdo con Rita en algo: “Vaya hostia, vaya hostia.”

A la hora de comer de aquél día entré en la sala de la televisión con la cabeza bien alta. En las noticias resonaba una y otra vez el batacazo del PP en Valencia. Mis compañeros mudos a bocados, asentían con la cabeza. Y aunque  las generalizaciones me parecen injustas, en ese momento decidí darme el lujo de la soberbia, y exclamé:
– Los valencianos son unos valientes.

NO ME DA LA GANA

NO ME DA LA GANA

Acostumbrada a como estoy a tratar, por lo general, con hombres y mujeres de conducta igualitaria, a veces me olvido de que el sexismo y el machismo son rémoras que aún perviven, con fuerza, en la sociedad actual. A menudo lo recuerdo cuando salgo a correr y, sobre todo en verano, algunos sujetos se dedican a importunarme con comentarios repulsivos. En más de una ocasión me he parado en seco (para mi disgusto, pues no es bueno para mi carrera) y he ido directamente al tipo en cuestión a preguntarle que a santo de qué tengo yo que aguantar sus palabras obscenas y sus miradas babeantes. Siempre se quedan en estado de shock, sin saber que decir. Y lo peor, sorprendidos de que yo me pueda sentir molesta por su actitud. Uno de ellos llegó a decirme “Pero si yo no te estoy insultando.” Se equivocaba. Puede que no me esté dedicando ningún taco, pero el hecho que tenga la desfachatez de decirme cerdadas me insulta. Me agrede. Y me cabrea sobre manera que encima se crean con todo el derecho a hacerlo.

La violencia, la tiranía de la estética, la vulnerabilidad, la prohibición del aborto, la mala fama del feminismo… Estas y otras muchas lacras contribuyen a la estigmatización de la mujer. Sorprende y aterra que en el siglo XXI las mujeres sean consideradas por muchos, consciente o inconscientemente, ciudadanos de segunda. Y resulta vomitivo que el feminismo sea una tendencia mal vista y mal entendida. No señores, y demasiadas señoras, el feminismo no es “el machismo pero al revés”. El feminismo es la demanda y asentamiento de la igualdad entre hombres y mujeres. Incluso yo misma, lamentablemente, he tenido en algún momento el temor a sonar como una feminista trasnochada. Cuando lo único trasnochado, anormal, y contraprogreso es el machismo manifestándose en diferentes y variadas vías. Y por desgracia tales manifestaciones muchísimas veces nos pasan inadvertidas, deslizándose en nuestras relaciones del día a día. No hace falta recurrir a grandes evidencias. Está en comentarios como: “Pues si queréis igualdad, pagad lo mismo en las discotecas.” Dejando de lado que hace mucho tiempo que ya no voy a discotecas, a parte de ser éste un argumento bastante flojo (siglos de lucha social resumidos en el pago de 15 euros), no puedo obligar a los dueños de esos sitios a que cobren por igual a todos sus asistentes. Eso no quita que esté completamente en desacuerdo con esta idea de negocio ya que cosifica a la mujer a la que se usa como reclamo del género pagador. Pero si nos ponemos a ese nivel, yo también puedo reprochar (a muchos) el consumo de un tipo de pornografía que mayoritariamente denigra a la mujer, y que transmite unas ideas de la sexualidad que distan mucho de un ejercicio sano de la misma.
Otro ejemplo, hace varios años un tipo me dijo que la mayoría de los personajes célebres en las artes, ciencias, letras, etc. eran hombres. La gente que piensa así a menudo olvida dos hechos: uno, que las mujeres han sido censuradas a lo largo de la historia pues la condición de su género directamente las impedía para acceder al saber, que las pocas que lo conseguían sufrían el ataque se sus compañeros de profesión y que otras muchas tenían que firmar tras nombres falsos de hombre para evitar el acoso y la crítica. Y dos, que esos mismos que han querido relegar al individuo femenino a un segundo plano bien se han encargado de borrar o silenciar los nombres de muchas grandes científicas, pintoras y escritoras. Sólo hay que leer un poco para darse cuenta de ello.
Hay más. He observado a más de uno haciendo gala de lo que yo llamo el machismo miedoso o también el machismo del frustrado. Algunos hombres temen a la nueva mujer. La mujer que elige, decide y manda sobre su comportamiento. La mujer que no está dispuesta a acatar, que es independiente, que ve la vida más allá de la pareja y la familia (que nadie se haga la idea fácil: tener una familia es maravilloso, pero no es la única realización del individuo). La mujer que es su homólogo, y que es capaz de superarle. Y se frustra cuando esta mujer, además, no le hace ni puto caso.

La cuestión es que ya estoy harta de todo esto, y no me da la gana seguir así. No me da la gana tener que pasar miedo si vuelvo sola a casa pasadas las 12 de la noche. No me da la gana aguantar comentarios repugnantes de absolutos desconocidos que se creen con derecho a intimidarme. No me da la gana cobrar menos por lo que tengo entre las piernas. No me da la gana ver perplejidad ante una actitud sexual tan libre o más que la de mis compañeros masculinos. No me da la gana que la franquicia 50 Sombras de Grey, llena de clichés machistas retrógrados, sea reflejo del colectivo femenino. Ya he tenido suficiente. Yo y todas las mujeres. Se hace imperiosamente necesario un cambio total y radical de tendencia. Que todos y todas aquellos que se creen que ya vivimos en una sociedad igualitaria para ambos sexos abran los ojos de una vez.

Para terminar quería añadir una última reflexión. No voy a decir que tengo la suerte de tener un compañero que no es sexista, que me trata como un igual, que, debido a nuestra situación de vida actual, se encarga de las labores del hogar más que yo. Que me valora por lo que soy principalmente por dentro (aunque lo que hay por fuera le vuelva loco, y no, para eso no tengo que caber en una talla 36). Que me apoya, respeta y admira. Porque eso no es una suerte, eso es lo normal. Lo que tiene que ser siempre. De lo que tengo suerte es que de entre todos los millones de personas que somos haberle encontrado a él porque es un ser humano maravilloso. Y ambos somos afortunados por compartir una vida juntos y poder complementarnos y enriquecernos el uno al otro como personas. Como seres humanos. Y no como hombre y mujer.

Os dejo a continuación unos interesantes enlances relacionados con el tema:

View story at Medium.com
http://www.eldiario.es/micromachismos/pasado_6_355274505.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/23/actualidad/1424678361_785218.html

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MONOSÍLABOS

MONOSÍLABOS

Mi trabajo tiene tareas que suenan muy guais: ¿A qué te dedicas? – Escribo guiones. – ¡Oh!… Y otras que no lo son tanto y que no suelo comentar cuando me preguntan. Una de éstas últimas es escribir las tarjetas de felicitación de Navidad para mis compañeros de la redacción y agentes televisivos externos varios. Las pasadas fiestas no fueron una excepción y, como cada año, realicé el cometido. Al hacerlo utilicé primero mi lengua materna (el castellano) y después la segunda lengua con la que estoy más familiarizada (el catalán.) Y de pronto me asaltó un pensamiento que hasta la fecha nunca había tenido: ¿Podía alguno de los destinatarios sentirse ofendido por el orden de los idiomas empleados en las frases de felicitación? La respuesta que me surgió fue un No rotundo. Porque detrás de ese gesto no hay intención de expresar opinión o pensamiento alguno. Solo el empleo natural y espontáneo de mis herramientas lingüísticas. Seguramente alguien cuya primera lengua fuera el catalán lo hubiera hecho a la inversa y me parecería igual de inocuo y, por otro lado, superfluo. Pero en estos tiempos convulsos hay que pensarse muy, mucho cualquier gesto, porque hasta lo más nimio puede ser malinterpretado y absurdamente asociado a posturas ideológicas.

Los que habéis ido leyendo mis entradas con cierta asiduidad puede que hayáis notado que he pasado muy de puntillas por el tema de la Independencia de Cataluña. El principal motivo es que simplemente me apetecía o necesitaba más abordar otros asuntos. Pero lo cierto es que no deja de ser llamativo que haya pasado por alto durante tanto tiempo algo que está tan presente en mi día a día. Y tal vez haya sido precisamente por eso. El tema independentista pertenece de tal manera a mi rutina, a mi normalidad, que llega un momento en que apenas reparo en ello. Con esto no quiero decir que no le de importancia, que le doy mucha, sino que se ha convertido en algo más de la vida de las personas que vivimos en Cataluña. Sin embargo al empezar este nuevo año he sentido que este tema clamaba ya con urgencia el tener presencia en mi blog.

Cuando reflexiono sobre la cuestión soberanista, más allá de su dilatada dimensión política, pienso en las personas. Las personas que más consideración me merecen, es decir, el pueblo llano. No esos señores con corbata que se dedican a tirarse puñales unos a otros, disfrazando sus intereses de preocupación, mientras se frotan las manos pensando en rascar votos de aquí y de allá. No, de esos tipos no voy a hablar, o por lo menos lo haré lo mínimo.

Mi condición de alicantina afincada en Cataluña me confiere una visión bastante poco condicionada del asunto. Algunos se echarán las manos a la cabeza con esta afirmación. Para ellos es precisamente esa condición la que claramente me posiciona en el “bando españolista”. Primero de todo ¿bando? Sí señores, porque para esos que se llevan las manos a la cabeza hablamos de bandos. Y que nadie se sorprenda, esos de los que hablo son los que son partidarios de la independencia, pero también son los que son partidarios de una España indisoluble y de la no celebración de referéndum alguno. Y ahí es donde quiero llegar a parar. ¿Os habéis parado a pensar en el amplio espectro de grises que se halla entre el blanco y el negro? Lo que me fascina (y me fastidia) es que este debate, que toma cada día tintes más dramáticos, se haya colocado en un Sí o un No. Dos simples monosílabos tienen que determinar y describir tu pensamiento político, filosófico, moral y lo peor de todo, como persona. Si eres de los del Sí (al referéndum, a la independencia) entonces eres plural, abierto, “de izquierdas” (y radical, y terrorista etc.), y claro está, catalanista. Si eres del “No” (al referéndum, a la independencia) crees en el estado, en la Constitución, eres “de derechas” (y cerrado, y facha etc.), y claro está, españolista.
No solo resulta absurdo querer reducir una problemática tan extensa, tan llena de matices, de hechos y contrahechos, como la del conflicto existente entre Cataluña y el resto del Estado español de  forma tan escueta, es que resulta extremadamente pueril querer dividir a la gente en sies y en noes, en progresistas y en conservadores, dependiendo del monosílabo que empleen. ¿Qué me decís de todos los que No queremos que Cataluña sea un país diferente a España pero Sí queremos un referéndum en ejercicio de la democracia? ¡Ups! aquí el discurso se complica. Porque los monosílabos son cómodos, pero las posturas intermedias necesitan de explicaciones y matices, de pensamientos y reflexiones más allá del lema único. Por eso me pongo de muy mala leche cuando veo a Más y a Rajoy y a todos sus compinches cortándonos a todos por un cómodo rasero según les convenga (¡mierda! había dicho que no iba a hablar de ellos…) y peor aún cuando veo a un grupo de incalificables sujetos en tertulias televisivas vomitivas posicionando a unos u otros de buenos o malos. Es muy triste ver la intención populista de estos sujetos, llenándose la boca de mensajes grandilocuentes para alterar a las masas y que nos olvidemos de toda esa enorme cantidad de serios problemas que son incapaces de resolver.

Puede que los discursos intermedios no calen tan hondo, ni sean tan populares y contundentes como esos monosílabos que quieren serlo todo. Pero eso no significa que no existan. Aunque no hay nadie que los represente o les de voz, si hay algunos personajes públicos que tienen esta postura, como los periodistas Julia Otero y Jordi Évole, o el actor Lluís Homar. A continuación os dejo unos enlaces en los que dejan patentes sus opiniones.

http://www.lasexta.com/programas/el-objetivo/noticias/julia-otero-%E2%80%9Cyo-quiero-votar-decir-que-quiero-independencia%E2%80%9D_2014092800150.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/al-contrataque/uno-mayoria-silenciosa-2659109

http://www.ara.cat/ara_tv/entrevistes/Lluis_Homar-Relacio_Catalunya_Espanya-Independencia_3_865743422.html

Desde estas líneas solo pretendo manifestar que existen más de dos posturas en todo este embrollo. No os dejéis llevar por todos esos que quieren calentarnos la cabeza. A esos, apenas les interesamos. Clamemos por una solución real, que a ellos, claramente, no les interesa darnos.

Mientras los que estamos en medio de este fuego cruzado sigamos predicando lo que pensamos sin dejar que nadie nos tache de nada que no seamos. No somos “fachas” por querer ser españoles, no somos “radicales independentistas” por querer un referéndum. No somos ni del Sí ni del No. Somos del catalán y del español, de la sardana y el flamenco, dels galets y la tortilla de patatas, del déu n´hi do y del olé. Somos la gente más allá de los monosílabos.

manosilabos