MONOSÍLABOS

MONOSÍLABOS

Mi trabajo tiene tareas que suenan muy guais: ¿A qué te dedicas? – Escribo guiones. – ¡Oh!… Y otras que no lo son tanto y que no suelo comentar cuando me preguntan. Una de éstas últimas es escribir las tarjetas de felicitación de Navidad para mis compañeros de la redacción y agentes televisivos externos varios. Las pasadas fiestas no fueron una excepción y, como cada año, realicé el cometido. Al hacerlo utilicé primero mi lengua materna (el castellano) y después la segunda lengua con la que estoy más familiarizada (el catalán.) Y de pronto me asaltó un pensamiento que hasta la fecha nunca había tenido: ¿Podía alguno de los destinatarios sentirse ofendido por el orden de los idiomas empleados en las frases de felicitación? La respuesta que me surgió fue un No rotundo. Porque detrás de ese gesto no hay intención de expresar opinión o pensamiento alguno. Solo el empleo natural y espontáneo de mis herramientas lingüísticas. Seguramente alguien cuya primera lengua fuera el catalán lo hubiera hecho a la inversa y me parecería igual de inocuo y, por otro lado, superfluo. Pero en estos tiempos convulsos hay que pensarse muy, mucho cualquier gesto, porque hasta lo más nimio puede ser malinterpretado y absurdamente asociado a posturas ideológicas.

Los que habéis ido leyendo mis entradas con cierta asiduidad puede que hayáis notado que he pasado muy de puntillas por el tema de la Independencia de Cataluña. El principal motivo es que simplemente me apetecía o necesitaba más abordar otros asuntos. Pero lo cierto es que no deja de ser llamativo que haya pasado por alto durante tanto tiempo algo que está tan presente en mi día a día. Y tal vez haya sido precisamente por eso. El tema independentista pertenece de tal manera a mi rutina, a mi normalidad, que llega un momento en que apenas reparo en ello. Con esto no quiero decir que no le de importancia, que le doy mucha, sino que se ha convertido en algo más de la vida de las personas que vivimos en Cataluña. Sin embargo al empezar este nuevo año he sentido que este tema clamaba ya con urgencia el tener presencia en mi blog.

Cuando reflexiono sobre la cuestión soberanista, más allá de su dilatada dimensión política, pienso en las personas. Las personas que más consideración me merecen, es decir, el pueblo llano. No esos señores con corbata que se dedican a tirarse puñales unos a otros, disfrazando sus intereses de preocupación, mientras se frotan las manos pensando en rascar votos de aquí y de allá. No, de esos tipos no voy a hablar, o por lo menos lo haré lo mínimo.

Mi condición de alicantina afincada en Cataluña me confiere una visión bastante poco condicionada del asunto. Algunos se echarán las manos a la cabeza con esta afirmación. Para ellos es precisamente esa condición la que claramente me posiciona en el “bando españolista”. Primero de todo ¿bando? Sí señores, porque para esos que se llevan las manos a la cabeza hablamos de bandos. Y que nadie se sorprenda, esos de los que hablo son los que son partidarios de la independencia, pero también son los que son partidarios de una España indisoluble y de la no celebración de referéndum alguno. Y ahí es donde quiero llegar a parar. ¿Os habéis parado a pensar en el amplio espectro de grises que se halla entre el blanco y el negro? Lo que me fascina (y me fastidia) es que este debate, que toma cada día tintes más dramáticos, se haya colocado en un Sí o un No. Dos simples monosílabos tienen que determinar y describir tu pensamiento político, filosófico, moral y lo peor de todo, como persona. Si eres de los del Sí (al referéndum, a la independencia) entonces eres plural, abierto, “de izquierdas” (y radical, y terrorista etc.), y claro está, catalanista. Si eres del “No” (al referéndum, a la independencia) crees en el estado, en la Constitución, eres “de derechas” (y cerrado, y facha etc.), y claro está, españolista.
No solo resulta absurdo querer reducir una problemática tan extensa, tan llena de matices, de hechos y contrahechos, como la del conflicto existente entre Cataluña y el resto del Estado español de  forma tan escueta, es que resulta extremadamente pueril querer dividir a la gente en sies y en noes, en progresistas y en conservadores, dependiendo del monosílabo que empleen. ¿Qué me decís de todos los que No queremos que Cataluña sea un país diferente a España pero Sí queremos un referéndum en ejercicio de la democracia? ¡Ups! aquí el discurso se complica. Porque los monosílabos son cómodos, pero las posturas intermedias necesitan de explicaciones y matices, de pensamientos y reflexiones más allá del lema único. Por eso me pongo de muy mala leche cuando veo a Más y a Rajoy y a todos sus compinches cortándonos a todos por un cómodo rasero según les convenga (¡mierda! había dicho que no iba a hablar de ellos…) y peor aún cuando veo a un grupo de incalificables sujetos en tertulias televisivas vomitivas posicionando a unos u otros de buenos o malos. Es muy triste ver la intención populista de estos sujetos, llenándose la boca de mensajes grandilocuentes para alterar a las masas y que nos olvidemos de toda esa enorme cantidad de serios problemas que son incapaces de resolver.

Puede que los discursos intermedios no calen tan hondo, ni sean tan populares y contundentes como esos monosílabos que quieren serlo todo. Pero eso no significa que no existan. Aunque no hay nadie que los represente o les de voz, si hay algunos personajes públicos que tienen esta postura, como los periodistas Julia Otero y Jordi Évole, o el actor Lluís Homar. A continuación os dejo unos enlaces en los que dejan patentes sus opiniones.

http://www.lasexta.com/programas/el-objetivo/noticias/julia-otero-%E2%80%9Cyo-quiero-votar-decir-que-quiero-independencia%E2%80%9D_2014092800150.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/al-contrataque/uno-mayoria-silenciosa-2659109

http://www.ara.cat/ara_tv/entrevistes/Lluis_Homar-Relacio_Catalunya_Espanya-Independencia_3_865743422.html

Desde estas líneas solo pretendo manifestar que existen más de dos posturas en todo este embrollo. No os dejéis llevar por todos esos que quieren calentarnos la cabeza. A esos, apenas les interesamos. Clamemos por una solución real, que a ellos, claramente, no les interesa darnos.

Mientras los que estamos en medio de este fuego cruzado sigamos predicando lo que pensamos sin dejar que nadie nos tache de nada que no seamos. No somos “fachas” por querer ser españoles, no somos “radicales independentistas” por querer un referéndum. No somos ni del Sí ni del No. Somos del catalán y del español, de la sardana y el flamenco, dels galets y la tortilla de patatas, del déu n´hi do y del olé. Somos la gente más allá de los monosílabos.

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