Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

El lobo es el antagonista de todos los cuentos. Entre las transformaciones  del espeluznante Drácula, el lobo es una. Asociado al mal por la más antigua tradición popular hasta el punto de la existencia del término licantropía, que tanto hace referencia a la transfiguración mitológica del hombre en lobo como al transtorno clínico real de quien cree convertirse en lobo.

No hay que reflexionar mucho para entender la raíz de todo este oscuro folklore. El hombre y el lobo son competidores en el medio natural. Y desde que uno se hizo ganadero el otro cazó a sus rebaños. El hecho de amenazar el sustento del ser humano le valió al lobo ser la personificación de lo maligno. Y de ahí surgen todas esas leyendas e historias de monstruos, de niñas engañadas, de abuelas devoradas, de cerditos astutos…

Pero la influencia del lobo en el imaginario popular sobrepasó el oscurantismo de la Edad Media. El grito “¡Qué viene el lobo!” se ha escuchado durante los siglos posteriores hasta bien entrada la era contemporánea. No hay más que acercarse al medio rural para apreciar cuan vigente está la figura del lobo entre los paisanos. Los mayores cuentan historias de juventud, de como iban a perseguir al lobo en grupos por el bosque como parte natural de la vida cotidiana. Como Fulano mató a tal lobo o como tal lobo le mató a Mengano diez ovejas y un mastín. Y no se quedan en historias del pasado. En esos entornos aún hoy se habla de quien y cuando ha visto al lobo.

Me gusta el romanticismo que hay en que se le nombre de esta forma identitaria que le da al animal ese tono casi fantástico o divino. No es lo mismo ver un lobo que ver al lobo. Sin embargo la realidad es mucho más prosaica y triste. Al lobo se le sigue exterminando como en los tiempos más negros de la Humanidad. Porque para el hombre sigue siendo más fácil matar que invertir en medidas sostenibles en una apuesta por el  respeto al medio ambiente y el desarrollo global de valores más elevados.   La leyenda negra del lobo le sigue estigmatizando, y una gran cantidad de gente, por puro desconocimiento, continúa identificando al lobo con aquello que hay que temer.

Como todo lo que supone un avance y una mejora para la sociedad solo con educación y conocimiento se erradicarán comportamientos e ideas aberrantes. Afortunadamente ya somos muchos los que nos interesamos por la vida salvaje y la importancia de su conservación. Pero seríamos muchos más y los problemas se solucionarían antes y mejor si la Administración tomara cartas reales en el asunto. Pero ese, será tema para otro capítulo.

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LAS MEJORES MALAS DE FICCIÓN

LAS MEJORES MALAS DE FICCIÓN

Hace tiempo ya hice una lista de mis “malos” favoritos. Ahora es el turno de las féminas.

Atia 10- ATIA DE LOS JULIO: La estupenda serie histórica Roma recrea la que probablemente es la época más popular del Imperio Romano, exceptuando la aparición de Jesucristo. Todos los grandes personajes de la Historia aparecen. Julio César, Marco Antonio, Cleopatra…Y entre tanto famoseo un personaje histórico “menor” pero de gran importancia en la ficción. Mi mala número diez es Atia, sobrina de Julio César. Ambiciosa, sin escrúpulos, usa todas las armas a su alcance para procurar el éxito de su familia.

Catherine 9- CATHERINE TRAMELL: O el cruce de piernas más famoso de la historia del cine. Sí, lo habéis acertado, hablamos de Instinto Básico, el momento cumbre en la carrera de Sharon Stone. Sobreactuada hasta la médula, con una de esas tramas que dan entre pena y risa y teniendo como partenaire a un Douglas tan malo como siempre, lo cierto es que el personaje ha quedado grabado en la cultura audiovisual contemporánea. Lo que ya es mucho teniendo en cuenta que la mayor parte de ellos se pierden como granos de arena en la vastedad de la producción cinematográfica.

Cruella 8- CRUELLA DE VIL: ¿Puede haber algo más malvado y cruel que querer matar a más de cien cachorritos de dálmata para hacerse un abrigo de piel?
Esta es la premisa de esta adicta a la moda cuyo nombre lo dice todo. Obsesionada con el B&W look y unos rasgos semejantes al rostro que Michael Jackson acabaría luciendo en sus últimos años, esta mala, malísima fue llevada a la carne y hueso por la siempre excelente Glenn Close.

Mistica7- MÍSTICA: Para mí, la mutante más guay de todas, superando de largo a las “chicas buenas”. Es fuerte e independiente y tiene la suficiente personalidad como para hacerle frente a Magneto y al Profesor X ella solita. Misteriosa, atormentada, egoísta y con una larga historia a sus espaldas, es un personaje Marvel de inagotables posibilidades.

Reina 6- LA REINA MALVADA (BLANCANIEVES): De todas las brujas malas de Disney (con permiso de los Hermanos Grimm) siempre he pensado que la de Blancanieves se lleva la palma. Es despiadada, trepa y narcisista al extremo. Es por eso que cuando se entera que su hijastra la supera en belleza manda matarla. Es la mala por definición: fría, guapa y cruel.

ratchet 5- ENFERMERA RATCHED: Magnífica antagonista para Jack Nicholson en aquella maravillosa Alguien voló sobre el nido del cuco. Representa todo lo opuesto a Randle McMurphy. Frente a la “locura”, rebeldía y espontaneidad de éste, ella es el paradigma de la rectitud, la firmeza y la racionalidad. Una interpretación sobresaliente de, la poco valorada después, Louise Fletcher que apenas mueve un músculo de la cara ante los desafíos del falso enfermo.

Annie 4- ANNIE WILKES (MISERY): Si hay un personaje femenino que realmente me pone los pelos de punta esa es Annie Wilkes, la psicópata enfermera del libro y posterior película Misery, otra inquietante historia creada por Stephen King. Como pasa en algunos casos, si además ese personaje es interpretado por una magnífica actriz como Kathy Bates, dotando a la siniestra mujer de un físico imponente, adquiere una nueva dimensión más allá del papel. Una buena alegoría de los entresijos del mundo editorial: que obliguen a un escritor a escribir algo que detesta (bajo amenaza de muerte).

Catwoman 3- CATWOMAN: Lo que más me gusta de Catwoman es su ambigüedad. A veces es mala y a veces es buena. Ella va a la suya. A su interés. Es independiente y no le debe nada a nadie. Vamos que el nombre le va como anillo al dedo. Si además todo eso lo metes en un traje de cuero negro y lo dotas de un apabullante sex-appeal, pues entiendo que a Batman se le vaya la olla con ella. Para rizar el rizo la llevas a la realidad en las carnes de la Michelle Pfeiffer, pues ya que más quieres…Lo siento Anne Hathaway, tú no estuviste mal (aunque tu vestuario era lo peor), pero la Pfeiffer es la Pfeiffer…

Y llegamos a los dos primeros puestos… Me ha sido realmente difícil decidirme por quien es la ganadora de las malas, porque top one está muy reñido entre dos grandes y estupendas malas. Pero finalmente he decidido que la mala que ocupe el segundo puesto sea…

Cersei 2- CERSEI LANNISTER: Hay pocas malas que hayan generado tantos odios como la reina Cersei. Los apelativos negativos se quedan cortos con ella: vanidosa, cruel, manipuladora, ruin, maquiavélica… Y sin embargo hay momentos en los que incluso la compadeces. Cersei merece mi desprecio y mi admiración a partes iguales. En el mundo fantástico-medieval de Juego de Tronos (o los libros Canción de Hielo y Fuego) las mujeres no lo tienen nada fácil. Un mal bicho como Cersei es capaz de sobrevivir (de momento) en medio de un mar de testosterona en el que otras se ahogarían. Y encima en la imagen real cuenta con la cara y el cuerpo de Lenna Headey, ahí es nada.

Gemma 1- GEMMA TELLER-MORROW: Y aquí está, la mala que ha conquistado mi corazón (lo siento Cerséi, antes habías sido tu). Hace unos meses consumimos compulsivamente en casa todas las temporadas de Sons of Anarchy, y además de empezar a mirar a los moteros de otro modo, descubrí a un excelente personaje, que en mi opinión, es más protagonista que el protagonista. Gemma es la madre reina de este club shakesperiano y no está dispuesta a que nada, ni nadie le quite ese puesto. Ella no es mala del todo, pero las circunstancias le obligan a serlo. Todo sea por la familia. Por supuesto el personaje no tendría ese enorme carisma si no estuviese acompañada del físico de Katey Sagal. Aquella Peggy de la fenomenal Matrimonio con hijos con un look muy diferente, alimentada a base de cigarrillos y café.

Para terminar quiero citar a Atia de los Julio que en el último capítulo de Roma dijo una frase bien apropiada para todas estas malas: “Mujeres mejores que tú han intentado destruirme…Y ahora están muertas.”

LA EXTINCIÓN DEL PENSAMIENTO

LA EXTINCIÓN DEL PENSAMIENTO

Empezamos a vislumbrar ya el final del verano. Un año más el periodo estival nos ha traído eso que es tan veraniego como la sangría, los atascos y el after-sun: los blockbusters. En esta ocasión estaba muy emocionada con el estreno de Jurassic World, que, según se habían encargado de transmitir a través de una extensísima campaña promocional, iba encaminada a recuperar la esencia de aquella memorable primera entrega. Como os podéis oler por el título de esta entrada el resultado distó mucho de complacerme. Jurassic World hace gala de un guión anodino e incongruente, unos personajes planos y arquetípicos hasta la extenuación, y lo que más me dolió (de pequeña quise ser, entre otras muchas cosas, paleontóloga), una ridiculización cruenta de los dinosaurios.
Poco más que parte del título queda en esta actualización de la historia que naciera de la novela de Michael Crichton. Jurassic Park es una buena película. Te guste o no el género, está bien hecha. Tiene un guión que se desarrolla correctamente, en el que las situaciones ocurren como consecuencia de planteamientos bien estructurados. Y cuando los personajes abren la boca no es para decir la primera chorrada que se le pasaba al guionista por la cabeza en ese momento. No, los diálogos tienen contenido, y un peso que incide en la acción del relato.

Al leerme muchos pensarán que parece que esté hablando de la gran obra maestra del cine de los años 90, cuando solo es una peli de bichos extintos para pasar un buen rato. Ahí está el primer error. ¿Tiene que estar el entretenimiento reñido con la calidad? ¡En absoluto! No hace falta que nos tengamos que ir al cine de V.O de nuestra ciudad a ver el último estreno de cine polonés para esperar ver un producto bien hecho. Lo sesudo o presuntamente complejo no es sinónimo de calidad.
Hay muchísimas películas que, independientemente de los gustos, están muy bien facturadas, y cuyo objetivo final no es otro que entretener, deleitar. Por seguir dentro del género fantástico y de aventuras cito: Tiburón, E.T, Alien, La Guerra de las Galaxias (ya sabéis qué episodios), Blade Runner, Indiana Jones, Los Goonies, etc, etc, etc…

Cuando terminó Jurassic World salí de la sala bastante enfurruñada. Nada que ver con los chavales que iban detrás de mí:
– Tío, como me ha molado la película. ¿A ti te ha molado?
-¡Me ha molado mogollón, tío!

Al escucharles hablar con tanto entusiasmo una pregunta aterradora me asaltó: ¿Se estaba produciendo una idiotización tal de la ficción que provocaba una simplificación extrema del gusto del espectador? Como decía antes no pido la gran obra cumbre del cine contemporáneo, pero si que al menos las cosas que pasen tengan sentido. Si no, me es imposible pasármelo bien, porque cuando no hay una narración congruente, no hay entretenimiento. Para mí, porque desde luego para aquellos dos chicos, que apenas llegarían a los dieciséis, y buena parte de la muchedumbre acnéica que llenaba la sala, la peli había sido lo más. Para ellos, como para muchos, lo importante no es lo que se cuenta, sino el efectismo. Que haya explosiones, que el dinosaurio se coma a alguien, que se eche algún polvo. Independientemente de que estas cosas pasen por algún motivo o no.

La ficción existe desde que el hombre es hombre. El ser humano se ha servido de ella desde sus albores para entretener si, pero también para enseñar. Para transmitir ideas, pensamientos y valores. Bajo toda buena historia subyace un mensaje profundo, interno, que te dice “algo más” de lo que se ha contado en primer término.
Sin embargo parece que las historias son cada vez más simples. Los best sellers y blockbusters son en su mayoría superficiales y ñoños. No solo son simples y básicos en sus planteamientos, sino que no transgreden ni un poco. Y si lo hacen es de forma gratuita, para impactar, y no con una intención constructiva.
Si la ficción fue en su día un mecanismo para hacernos pensar, la proliferación de ficciones facilonas ofrece la propagación de un escaso ejercicio cerebral. Algunos me tildareis de exagerada o paranoica, pero cuanto más sencillo es el producto de entretenimiento que consumimos menos pensamos y cuanto menos pensamos, menos espíritu crítico tenemos. Y quien carece de espíritu crítico, es como sabéis, mucho más fácil de manejar.

Casualmente algunos días después vimos en casa Interstellar de Christopher Nolan. Ya estaba preparada para ver una orgía de efectos especiales sin sentido, cuando, nada más empezar la película, me di cuenta que aquello era otra cosa. Era una peli de ciencia ficción, pero que iba más allá de esa mera definición. Desde la primera escena, desde el primer diálogo, hay una intención dirigida a la transmisión de un mensaje que vive dentro de la narración y los diálogos. Esta intención se percibe en todas las dimensiones de la factura de la película. Los aspectos técnicos como la fotografía, montaje, sonido… también lo transmiten. Y un aspecto que me llamó particularmente la atención, supongo que por mi experiencia en ese campo, que era la estética de la escena. Los efectos especiales se esforzaban por dar la sensación de “tactilicidad”, es decir de parecer objetos reales en tres dimensiones, objetos que pudieras tocar. En este y otros muchos matices es evidente que Interstellar bebe de las fuentes de la mejor película de ciencia ficción de todos los tiempos: 2001, Una odisea en el espacio. La película de Nolan no sólo me gustó, sino que me hizo recobrar la esperanza.

No quiero irme por los cerros de Úbeda, así que voy a ir acabando. En nuestra mano está que el cine comercial de calidad no corra el mismo destino que los dinosaurios. Porque como se dice en el libro Todas las películas de Alfred Hitchcock al hablar de Psicosis, se puede hacer “cine puro que entusiasme a los espectadores.”

Os dejo un artículo de una antigua compañera de máster, Mireia Llinàs que habla de Jurassic Worl y Jurassic Park y que me conmovió y divirtió:

http://guio.cat/de-jurassic-park-a-jurassic-world-22-anys-i-el-que-hem-perdut-pel-cami/

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LOS VALENCIANOS SON

LOS VALENCIANOS SON

A la hora de comer siempre vemos las noticias en la redacción. Ataviados con nuestras delicias plastificadas nos reunimos en una mesa redonda a deprimirnos con el telediario de turno. Durante los años que llevo aquí he tenido que asistir al bochornoso espectáculo diario de los casos de corrupción que se han ido destapando en el Gobierno Valenciano. Que si Fabra y su solitario aeropuerto, que si los trajes de Camps, Rita y sus bolsos, Rus y sus declaraciones, Castedo y su amigo Ortiz, etc… Avergonzada de estos fantoches que gobernaban en mi comunidad me iba hundiendo en la silla ante los gestos reprobatorios de mis compañeros.
Los españoles somos mucho de generalizar, a mal claro: los andaluces son, los vascos son, los manchegos son…Y los catalanes, que tanto “son” tienen que aguantar, no iban a ser menos. Así que en numerosas ocasiones he tenido que escuchar eso de: “De Valencia tenía que ser” o “si es que los valencianos.” A veces saltaba hecha una furia a defender mi tierra y sobre todo a sus gentes. Otras, vencida ya por los acontecimientos cada vez más insostenibles, callaba, otorgando razón con mi silencio.

Claro está que esta panda de vividores y mafiosos, anquilosados desde hace tanto en el poder, no representa al pueblo valenciano, o por lo menos a lo que yo conozco de él. Las gentes de la Comunidad Valenciana con las que trato son honradas, sencillas, trabajadoras. ¿De dónde, pues, viene ese voto perenne durante tanto tiempo? Una parte corresponde a esa (estoy convencida) minoría que son tan hampones y sibilinos como los propios políticos en cuestión. Otra, la mayoría, consecuencia de otro extenso Gobierno que arrastró a la Comunidad a la ruina, el del PSOE. Desencantada, la gente retiró en masa su voto a este partido para dárselo al PP, como ocurrió en tantos sitios de España, con la esperanza puesta en el teórico buen hacer económico de la derecha.
El resto es historia, y todos la conocéis. Dejando a un lado todas y variadas formas en las que estos gobernantes han expoliado y devaluado a la Comunidad Valenciana, está el fenómeno de la mala imagen que nos han dado por tanto tiempo. Si a los valencianos les roban sus gobernantes y les siguen votando, es que los valencianos son unos ladrones. Un razonamiento muy simple y por tanto muy extendido.

Pero ay amigos, las cosas iban a cambiar. En Semana Santa, allí en Alicante, asistí con mi inseparable consorte a una procesión. Como ya sabéis soy contraria a todas y cada una de las religiones, pero ver una manifestación flocklórica de esta índole me cautiva desde un punto de vista sociológico. Pero esa, es otra historia.
Como decía ahí estábamos, viendo la procesión, cuando para nuestra sorpresa, identifico a Sonia Castedo vestida de costalera. Aunque ella no cargaba con el paso ni por asomo. Se dedicaba a ir delante tocando una campana (¿?). Estábamos comentándolo, cuando una señora a mi lado me espetó:
– Sí, sí, es la “lladra”.
Ya en casa explicamos la anécdota a la familia, lo que originó un intenso debate que ocupó casi toda la comida, paella en mesa. El tema de discusión era si la gente tiene el gobierno que se merece. ¿Podía ser eso cierto? ¿Eran estos granujas los políticos que los valencianos querían como representantes? ¿Se sentían identificados con ellos? Solo las próximas elecciones podrían arrojar algo de luz sobre tan controvertido asunto.

El día 25 de mayo miré en el metro los resultados electorales en las distintas comunidades, fundamentalmente en la que vivo y de la que pertenezco. En Catalunya CIU, casi por tradición, volvía a vencer en la Generalitat. Pero en Barcelona ocurría un hito histórico. Ada Colau echaba a un lado a los partidos típicos. Y en mi amada Comunidad Valenciana el trono de hierro del PP se hacía añicos. Como en tantos otros lugares del país, los votantes, hartos de las pútridas estructuras clásicas, se habían decantado por las formaciones populares, que claman por los intereses del pueblo. Divididos en muchos pequeñitos, los votos superaban en número a los de los habituales. Y por fin estuve de acuerdo con Rita en algo: “Vaya hostia, vaya hostia.”

A la hora de comer de aquél día entré en la sala de la televisión con la cabeza bien alta. En las noticias resonaba una y otra vez el batacazo del PP en Valencia. Mis compañeros mudos a bocados, asentían con la cabeza. Y aunque  las generalizaciones me parecen injustas, en ese momento decidí darme el lujo de la soberbia, y exclamé:
– Los valencianos son unos valientes.

NO ME DA LA GANA

NO ME DA LA GANA

Acostumbrada a como estoy a tratar, por lo general, con hombres y mujeres de conducta igualitaria, a veces me olvido de que el sexismo y el machismo son rémoras que aún perviven, con fuerza, en la sociedad actual. A menudo lo recuerdo cuando salgo a correr y, sobre todo en verano, algunos sujetos se dedican a importunarme con comentarios repulsivos. En más de una ocasión me he parado en seco (para mi disgusto, pues no es bueno para mi carrera) y he ido directamente al tipo en cuestión a preguntarle que a santo de qué tengo yo que aguantar sus palabras obscenas y sus miradas babeantes. Siempre se quedan en estado de shock, sin saber que decir. Y lo peor, sorprendidos de que yo me pueda sentir molesta por su actitud. Uno de ellos llegó a decirme “Pero si yo no te estoy insultando.” Se equivocaba. Puede que no me esté dedicando ningún taco, pero el hecho que tenga la desfachatez de decirme cerdadas me insulta. Me agrede. Y me cabrea sobre manera que encima se crean con todo el derecho a hacerlo.

La violencia, la tiranía de la estética, la vulnerabilidad, la prohibición del aborto, la mala fama del feminismo… Estas y otras muchas lacras contribuyen a la estigmatización de la mujer. Sorprende y aterra que en el siglo XXI las mujeres sean consideradas por muchos, consciente o inconscientemente, ciudadanos de segunda. Y resulta vomitivo que el feminismo sea una tendencia mal vista y mal entendida. No señores, y demasiadas señoras, el feminismo no es “el machismo pero al revés”. El feminismo es la demanda y asentamiento de la igualdad entre hombres y mujeres. Incluso yo misma, lamentablemente, he tenido en algún momento el temor a sonar como una feminista trasnochada. Cuando lo único trasnochado, anormal, y contraprogreso es el machismo manifestándose en diferentes y variadas vías. Y por desgracia tales manifestaciones muchísimas veces nos pasan inadvertidas, deslizándose en nuestras relaciones del día a día. No hace falta recurrir a grandes evidencias. Está en comentarios como: “Pues si queréis igualdad, pagad lo mismo en las discotecas.” Dejando de lado que hace mucho tiempo que ya no voy a discotecas, a parte de ser éste un argumento bastante flojo (siglos de lucha social resumidos en el pago de 15 euros), no puedo obligar a los dueños de esos sitios a que cobren por igual a todos sus asistentes. Eso no quita que esté completamente en desacuerdo con esta idea de negocio ya que cosifica a la mujer a la que se usa como reclamo del género pagador. Pero si nos ponemos a ese nivel, yo también puedo reprochar (a muchos) el consumo de un tipo de pornografía que mayoritariamente denigra a la mujer, y que transmite unas ideas de la sexualidad que distan mucho de un ejercicio sano de la misma.
Otro ejemplo, hace varios años un tipo me dijo que la mayoría de los personajes célebres en las artes, ciencias, letras, etc. eran hombres. La gente que piensa así a menudo olvida dos hechos: uno, que las mujeres han sido censuradas a lo largo de la historia pues la condición de su género directamente las impedía para acceder al saber, que las pocas que lo conseguían sufrían el ataque se sus compañeros de profesión y que otras muchas tenían que firmar tras nombres falsos de hombre para evitar el acoso y la crítica. Y dos, que esos mismos que han querido relegar al individuo femenino a un segundo plano bien se han encargado de borrar o silenciar los nombres de muchas grandes científicas, pintoras y escritoras. Sólo hay que leer un poco para darse cuenta de ello.
Hay más. He observado a más de uno haciendo gala de lo que yo llamo el machismo miedoso o también el machismo del frustrado. Algunos hombres temen a la nueva mujer. La mujer que elige, decide y manda sobre su comportamiento. La mujer que no está dispuesta a acatar, que es independiente, que ve la vida más allá de la pareja y la familia (que nadie se haga la idea fácil: tener una familia es maravilloso, pero no es la única realización del individuo). La mujer que es su homólogo, y que es capaz de superarle. Y se frustra cuando esta mujer, además, no le hace ni puto caso.

La cuestión es que ya estoy harta de todo esto, y no me da la gana seguir así. No me da la gana tener que pasar miedo si vuelvo sola a casa pasadas las 12 de la noche. No me da la gana aguantar comentarios repugnantes de absolutos desconocidos que se creen con derecho a intimidarme. No me da la gana cobrar menos por lo que tengo entre las piernas. No me da la gana ver perplejidad ante una actitud sexual tan libre o más que la de mis compañeros masculinos. No me da la gana que la franquicia 50 Sombras de Grey, llena de clichés machistas retrógrados, sea reflejo del colectivo femenino. Ya he tenido suficiente. Yo y todas las mujeres. Se hace imperiosamente necesario un cambio total y radical de tendencia. Que todos y todas aquellos que se creen que ya vivimos en una sociedad igualitaria para ambos sexos abran los ojos de una vez.

Para terminar quería añadir una última reflexión. No voy a decir que tengo la suerte de tener un compañero que no es sexista, que me trata como un igual, que, debido a nuestra situación de vida actual, se encarga de las labores del hogar más que yo. Que me valora por lo que soy principalmente por dentro (aunque lo que hay por fuera le vuelva loco, y no, para eso no tengo que caber en una talla 36). Que me apoya, respeta y admira. Porque eso no es una suerte, eso es lo normal. Lo que tiene que ser siempre. De lo que tengo suerte es que de entre todos los millones de personas que somos haberle encontrado a él porque es un ser humano maravilloso. Y ambos somos afortunados por compartir una vida juntos y poder complementarnos y enriquecernos el uno al otro como personas. Como seres humanos. Y no como hombre y mujer.

Os dejo a continuación unos interesantes enlances relacionados con el tema:

View story at Medium.com
http://www.eldiario.es/micromachismos/pasado_6_355274505.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/23/actualidad/1424678361_785218.html

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VUELVE, A CASA VUELVE

VUELVE, A CASA VUELVE

A mucha gente se le llena la boca diciendo que odia las navidades. Entiendo que para muchos pueden ser unas fechas poco alegres porque echan de menos a algún ser querido perdido. Los que sienten nostalgia de algún tiempo pasado. O a quienes les recuerda una efeméride triste que coincide con estas fechas. Esos sentimientos son lógicos y completamente lícitos.

Yo me refiero más bien a aquellos a quienes les encanta decir que odian las navidades para adoptar una posturita cool y modernilla. Estamos de acuerdo en el tema de que se explota de forma obscena el consumismo, acompañado habitualmente por esos anuncios que quieren tocarnos la fibra y hacernos comprar como posesos. Pero todo depende de como uno mismo se lo tome. Puedes seguir esa corriente o no hacerlo, si no estás de acuerdo. No puedo evitar que aquellos que me sueltan la cantinela de su aversión navideña por puro postureo me den bastante rabia. Respeto todas las opiniones, pero que queréis que os diga, a mi me encanta cantar villancicos, las vacaciones, las comilonas, los regalos, y sobre todo, sobre todo estar con los míos. Con los que veo a menudo y con aquellos que veo menos de lo que me gustaría por vivir a cientos de kilómetros. Para mí la navidad no es el niño Jesús (carezco de sentimiento religioso alguno y la Iglesia no es precisamente santo de mi devoción –chascarrillo-) ni lanzarme a las calles en pos de un ímpetu comprador desaforado, ni siquiera son los turrones, que no me gustan demasiado. No. Para mi la navidad es viajar a Alicante y pasar unos días con esas personas a las que veo poco y que tan importantes son para mí. Significa reunirme con mis seres queridos de allí (mi Alicante) y también con los de aquí (mi Barcelona) y celebrar el tiempo que hace que nos conocemos mientras brindamos con cava. Significa recordar a aquellos que nos dejaron y que perviven en el corazón.
Y significa uno de los momentos más importantes para mí: llegar a casa esta noche y que, otro año más, mi madre abra la puerta y me cante esto (lagrimita, snif.)

Vale que nosotras en vez de perro tenemos un loro y que el árbol es bastante más cutre, pero os puedo asegurar que nuestro abrazo es mucho, muchísimo más intenso (para tener 70 años no sabéis la fuerza que tiene esa mujer en los brazos…)

Sea como sea, que a los que no les guste la navidad disfruten de todas sus ventajas mientras mascullan quejas entre dientes. Y a todos los que si os gusten disfrutadlas, mascullando también, pero mientras coméis polvorones. A todos: ¡Feliz Navidad! ¡Y feliz año nuevo!

Pd: Espero que todos los que me léeis sigáis haciéndolo y que se unan a Vivalifeblog muchos más. El año 2015 promete comenzar con unos artículos calentitos, calentitos.

DE BESTIAS Y DE HOMBRES

DE BESTIAS Y DE HOMBRES

Este verano he tenido la oportunidad de visitar una buena cantidad de playas y calas. Playas de arena fina, de arena gruesa, de guijarros, de rocas… Algunas blancas, otras doradas, otras grises…pero casi todas sucias. Unas mucho, otras regular y otras poco. Pero la huella de la mierda humana había quedado estampada prácticamente en todas ellas. Durante el estío he vivido y observado diferentes episodios y comportamientos que me han dado que pensar durante todas estas semanas de calor que ya se acaban.

Todo más o menos empezó el día que ilusionada volvía con quien siempre me acompaña a una cala por la que tengo especial predilección. Su difícil acceso merece del todo la pena cuando por fin puedes deleitarte con espectáculo natural que supone el lugar. Estaba, como digo, ilusionada con volver, pues hacía dos años que no la visitábamos. Sin embargo una serie de desagradables sorpresas nos aguardaban allí. La cala, otrora toda calma y placidez, estaba abarrotada de barcos que habían fondeado para pasar el día allí. En seguida nos metimos en el agua deseosos de bucear y huir del bullicio naval. La decepción no hizo más que aumentar. En pocas brazadas pudimos observar que la cantidad de peces era mucho menor que hacía dos años. Y en la superficie flotaban restos de plásticos y despojos que había que ir esquivando. Pero aún no había llegado lo peor. La última vez que estuvimos allí mientras buceábamos en la cala vecina, silencio solo roto por el bramido del mar, pudimos ver a un cormorán* pescando bajo el agua a muy poca distancia de nosotros. Una experiencia maravillosa imposible de olvidar. Después sacamos la cabeza del agua y vimos a varios ejemplares posados en el roquedal. Pues bien, ese día ya no había rastro de cormorán alguno. Frustrada me tumbé en la toalla solo para encontrarme con colillas y envoltorios nada más girar la cabeza. Se apoderó de mi una rabia que se fue trasformando en tristeza a medida que pasaba el día. Llegaron las seis de la tarde y cuando nos íbamos, cargados con todas nuestras cosas, nos encaramamos al acantilado y pudimos apreciar desde lo alto como la mayoría de las embarcaciones habían abandonado el lugar, dejando tras de si un reguero de basura flotante como única prueba de su presencia. No hacía falta volver para saber que al día siguiente el episodio de los barcos y sus guarros navegantes volvería a repetirse. Me fui con la sensación de que habían corrompido un paraíso y también una parte de mí. Puede que para todos esos que habían llegado con sus yates la cala en cuestión solo fuera peñascos y agua salada. Pero para mí es un pequeño edén que descubrí de la mano de la persona que amo. Y todo ese plástico, todas esas colillas, esas latas, esos envoltorios, papeles, restos de comida, todo, estaba ahora ensuciando un trozo de mi corazón.

Lejos de ser un hecho aislado, fui comprobando a lo largo de las semanas y en nuestros distintos destinos que la falta de cuidado por los espacios naturales es alarmantemente habitual. Que los peces y las aves se han ido, es decir, que los han matado. Y toda esta experiencia ha ido generando en mi mente un pensamiento acerca de los seres humanos. Todos esos seres humanos que, como yo, han ido a buscar la belleza de las playas, a gozar del entorno único que suponen. Gratis y al alcance de todos. Y sin embargo, muchos de estos seres se dedican a pervertir, embrutecer y cuando no a destruir esa belleza. Como bacterias, van a explotar masivamente un lugar, agotando todo lo que de bello y hermoso pueda tener. Tirar su bazofia en la arena o en el agua, y matar a cualquier ser vivo de otra especie que encuentren, por insignificante que este sea, y sin ninguna intención alimenticia. Un afán destructivo parece ser parte inherente del espíritu humano, un gusto por la aniquilación, el arrasamiento y la muerte. Llamamos bestias a aquellos que carecen de razonamiento y buen obrar. También es la acepción para los animales cuadrúpedos. Con este placer por agotar y marchitar la belleza allá donde esta se halle bien me parece que el término debería de cambiar y ser la palabra humano u hombre la que venga a definir la rudeza, la ignorancia y la falta de respeto. La falta de respeto por la Naturaleza, que es aquello más grande que nosotros mismos. La falta de respeto por la vida en todas sus manifestaciones. Y finalmente la falta de respeto por los semejantes, pues al destruir, destruyen también lo que los otros han venido a disfrutar.

Algún tiempo después encontramos una pequeña calita de piedra, a la que llegamos tras atravesar a pie dos kilómetros de monte. Allí solo unas pocas familias. Bajo el mar, bancos de peces, sobre la arena ningún desperdicio. Pasamos el día estirados bajo el sol, arrullados por el único sonido del mar y las gaviotas. Cuando llegaron las seis de la tarde empezamos a pensar en volver a casa. Pero antes de irnos alguien decidió visitarnos. Delante de nosotros un bonito cormorán con el cuello amarillo salía y se zambullía en el agua buscando peces. Me marché con la esperanza de que el amor por lo precioso y el gusto no solo por vivirlo, sino por cuidarlo aún puede extenderse, y que sea esto lo que domine los actos de la mayoría y no al contrario. Porque cuidar lo que la Tierra nos ha regalado es engrandecer esa esencia virtuosa que supuestamente define lo humano.

* Cormorán: Ave palmípeda del tamaño de un ganso, con plumaje de color gris oscuro, collar blanco, cabeza, moño, cuello y alas negros, patas muy cortas y pico largo, aplastado y con punta doblada. Nada y vuela muy bien, habita en las costas y alguna vez se le halla tierra adentro.

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También quiero añadir esta famosísima secuencia de la película de Standley Kubrick 2001: Una Odisea en el Espacio. Muestra muy bien ese afán destructivo que parece acompañar al hombre desde el inicio de los tiempos: