DIENTE POR LIEBRE

DIENTE POR LIEBRE

Probablemente pases tu vida sin pensar demasiado en tus dientes. Es lo que hacemos la inmensa mayoría. Están ahí, en tu boca. Sirven para masticar la comida que tanto te gusta y para sonreír en los momentos felices. Están duros e inmóviles y no parecen más que inertes apéndices que, eso sí, han de lucir limpios y ordenados. Pero ¡ay! los dientes son mucho, muchísimo más que eso. Para empezar, los dientes están vivos. Enraizados en el hueso de nuestra mandíbula están rellenos de un nervio que siente y padece. Como tantas cosas de nuestro cuerpo y de nuestra vida en general, nunca nos acordamos de ellos hasta que nos empiezan a fallar.

Hace un tiempo empezó a dolerme una muela en la que tenía una endodoncia. La endodoncia, que para quien no lo sepa, es la erradicación del nervio* de una muela que tiene una infección por caries severa, me la habían hecho dos años antes en una clínica Unident. Algunos recordaréis que ya una vez salí escaldada de un Vitaldent. Ingenua de mí, pensaba que las demás cadenas de clínicas dentales eran diferentes. Cuando volví a la clínica en cuestión para exponerles mi caso ocurrió lo siguiente: tras esperar durante una hora y pico un dentista exploró mi dentadura y me informó de que la muela con la endodoncia se había partido y que una nueva infección había penetrado hasta el hueso. De ahí mi agudo dolor que iba en aumento. Pero es que además empezó a enumerar a la ayudante una serie de “arreglos” que me eran “necesarios”: empastes en las piezas tal, cual, y pascual, una férula para mi bruxismo (primera noticia en 32 años de que lo padecía), un curetaje (limpieza profunda de las encías), una extracción, un implante, etc, etc, etc… Después de meterme un discurso de acojonamiento profundo en el que poco más me vino a decir que tenía la dentadura de una señora de sesenta años, el dentista en cuestión me hizo pasar a un despacho. Ahí me esperaba el hombre de negocios para exponer la cuestión monetaria. Tras volverme a explicar todo lo que mi boca necesitaba urgentemente antes de que se me cayesen todos los dientes sacó un presupuesto de su impresora y me lo mostró. La cifra superaba de largo los 1.200 euros. Para aquél momento yo ya estaba al borde del colapso (ya me veía pobre y sin dientes). Me mandaron a casa con un sobrecito que albergaba el presupuesto y un folleto sobre implantes y con la total convicción de que mi dentadura estaba condenada a la extinción.

 Afortunadamente para mí, en casa me esperaba la voz del sentido común que siempre viene a aplacar mi tendencia natural al drama… Bien aconsejada por mi cabal compañero, primero acudí al odontólogo de la sanidad pública  para que me extrajera la muela enferma. Aprovecho para elogiar a la Seguridad Social y al excelente profesional que me atendió. No sólo lo hizo con toda la sinceridad y la consideración posibles, sino que además me dio la opción de quitarme la muela en ese mismo momento, sin necesidad de emplazarme a nuevas citas y alargar mi agonía. Acepté encantada y mi dolor desapareció con mi muela. Este buen hombre además me dejó bien claro que la endodoncia que me habían practicado estaba mal hecha y eso me había conducido a esta situación.

Después visité a un dentista particular. Un señor, que como el de la Seguridad Social, hizo gala de una gran profesionalidad, cercanía y ausencia total de alarmismos. Al contrario que Unident, él me tranquilizó y me informó de que solo necesitaba una limpieza (que me hizo al momento) y que en un par de meses veríamos como podríamos rellenar el hueco de mi mandíbula inferior.

 La moraleja de esta historieta está muy clara: ¡No vayáis a las cadenas de dentistas! Yo he salido bien escarmentada de fiarme de este elenco de timadores con bata que ni te tratan bien, ni son tan baratos. La boca nos sirve para un montón de cosas (como soltar todas nuestras ocurrentes lindezas) y cuidarla bien merece que nos gastemos algún eurito más. Además, que no os engañen, estos bandidos al final te sangran mucho más que el dentista convencional, pues a parte de lo que tengas, se encargan de inventarse una buena cantidad de enfermedades que no tienes. Y poco o nada les importa el factor humano, a saber, que tú te vayas pensando en que estás fatal y que te gastes una suma de dinero muy considerable independientemente de cual sea tu situación económica. Pero qué podemos esperar de unos gañanes capitaneados por un sinvergüenza que ha estafado una enorme cantidad de dinero sin miramiento alguno…

 Así que si quieres seguir viviendo sin pensar demasiado en tus dientes, esos enanos de marfil que VIVEN en tu boca, huye de estos piratas que te quieren engañar con sus pósters de sonrientes incautos y vuelve al dentista de siempre. Porque como tantos otros ejemplos el trato con el pequeño y cálido empresario genera más confianza que con las grandes y yermas compañías.

* Yo lo he simplificado mucho pero más exactamente se llama endodoncia a la extirpación de la pulpa dental y el posterior relleno y sellado de la cavidad pulpar con un material inerte.

 Enlace a la noticia de la estafa de Vitaldent:http://www.libremercado.com/2016-02-16/detenida-la-cupula-de-vitaldent-por-presunto-fraude-y-blanqueo-1276567884/

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