NO ME DA LA GANA

NO ME DA LA GANA

Acostumbrada a como estoy a tratar, por lo general, con hombres y mujeres de conducta igualitaria, a veces me olvido de que el sexismo y el machismo son rémoras que aún perviven, con fuerza, en la sociedad actual. A menudo lo recuerdo cuando salgo a correr y, sobre todo en verano, algunos sujetos se dedican a importunarme con comentarios repulsivos. En más de una ocasión me he parado en seco (para mi disgusto, pues no es bueno para mi carrera) y he ido directamente al tipo en cuestión a preguntarle que a santo de qué tengo yo que aguantar sus palabras obscenas y sus miradas babeantes. Siempre se quedan en estado de shock, sin saber que decir. Y lo peor, sorprendidos de que yo me pueda sentir molesta por su actitud. Uno de ellos llegó a decirme “Pero si yo no te estoy insultando.” Se equivocaba. Puede que no me esté dedicando ningún taco, pero el hecho que tenga la desfachatez de decirme cerdadas me insulta. Me agrede. Y me cabrea sobre manera que encima se crean con todo el derecho a hacerlo.

La violencia, la tiranía de la estética, la vulnerabilidad, la prohibición del aborto, la mala fama del feminismo… Estas y otras muchas lacras contribuyen a la estigmatización de la mujer. Sorprende y aterra que en el siglo XXI las mujeres sean consideradas por muchos, consciente o inconscientemente, ciudadanos de segunda. Y resulta vomitivo que el feminismo sea una tendencia mal vista y mal entendida. No señores, y demasiadas señoras, el feminismo no es “el machismo pero al revés”. El feminismo es la demanda y asentamiento de la igualdad entre hombres y mujeres. Incluso yo misma, lamentablemente, he tenido en algún momento el temor a sonar como una feminista trasnochada. Cuando lo único trasnochado, anormal, y contraprogreso es el machismo manifestándose en diferentes y variadas vías. Y por desgracia tales manifestaciones muchísimas veces nos pasan inadvertidas, deslizándose en nuestras relaciones del día a día. No hace falta recurrir a grandes evidencias. Está en comentarios como: “Pues si queréis igualdad, pagad lo mismo en las discotecas.” Dejando de lado que hace mucho tiempo que ya no voy a discotecas, a parte de ser éste un argumento bastante flojo (siglos de lucha social resumidos en el pago de 15 euros), no puedo obligar a los dueños de esos sitios a que cobren por igual a todos sus asistentes. Eso no quita que esté completamente en desacuerdo con esta idea de negocio ya que cosifica a la mujer a la que se usa como reclamo del género pagador. Pero si nos ponemos a ese nivel, yo también puedo reprochar (a muchos) el consumo de un tipo de pornografía que mayoritariamente denigra a la mujer, y que transmite unas ideas de la sexualidad que distan mucho de un ejercicio sano de la misma.
Otro ejemplo, hace varios años un tipo me dijo que la mayoría de los personajes célebres en las artes, ciencias, letras, etc. eran hombres. La gente que piensa así a menudo olvida dos hechos: uno, que las mujeres han sido censuradas a lo largo de la historia pues la condición de su género directamente las impedía para acceder al saber, que las pocas que lo conseguían sufrían el ataque se sus compañeros de profesión y que otras muchas tenían que firmar tras nombres falsos de hombre para evitar el acoso y la crítica. Y dos, que esos mismos que han querido relegar al individuo femenino a un segundo plano bien se han encargado de borrar o silenciar los nombres de muchas grandes científicas, pintoras y escritoras. Sólo hay que leer un poco para darse cuenta de ello.
Hay más. He observado a más de uno haciendo gala de lo que yo llamo el machismo miedoso o también el machismo del frustrado. Algunos hombres temen a la nueva mujer. La mujer que elige, decide y manda sobre su comportamiento. La mujer que no está dispuesta a acatar, que es independiente, que ve la vida más allá de la pareja y la familia (que nadie se haga la idea fácil: tener una familia es maravilloso, pero no es la única realización del individuo). La mujer que es su homólogo, y que es capaz de superarle. Y se frustra cuando esta mujer, además, no le hace ni puto caso.

La cuestión es que ya estoy harta de todo esto, y no me da la gana seguir así. No me da la gana tener que pasar miedo si vuelvo sola a casa pasadas las 12 de la noche. No me da la gana aguantar comentarios repugnantes de absolutos desconocidos que se creen con derecho a intimidarme. No me da la gana cobrar menos por lo que tengo entre las piernas. No me da la gana ver perplejidad ante una actitud sexual tan libre o más que la de mis compañeros masculinos. No me da la gana que la franquicia 50 Sombras de Grey, llena de clichés machistas retrógrados, sea reflejo del colectivo femenino. Ya he tenido suficiente. Yo y todas las mujeres. Se hace imperiosamente necesario un cambio total y radical de tendencia. Que todos y todas aquellos que se creen que ya vivimos en una sociedad igualitaria para ambos sexos abran los ojos de una vez.

Para terminar quería añadir una última reflexión. No voy a decir que tengo la suerte de tener un compañero que no es sexista, que me trata como un igual, que, debido a nuestra situación de vida actual, se encarga de las labores del hogar más que yo. Que me valora por lo que soy principalmente por dentro (aunque lo que hay por fuera le vuelva loco, y no, para eso no tengo que caber en una talla 36). Que me apoya, respeta y admira. Porque eso no es una suerte, eso es lo normal. Lo que tiene que ser siempre. De lo que tengo suerte es que de entre todos los millones de personas que somos haberle encontrado a él porque es un ser humano maravilloso. Y ambos somos afortunados por compartir una vida juntos y poder complementarnos y enriquecernos el uno al otro como personas. Como seres humanos. Y no como hombre y mujer.

Os dejo a continuación unos interesantes enlances relacionados con el tema:

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http://www.eldiario.es/micromachismos/pasado_6_355274505.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/23/actualidad/1424678361_785218.html

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