EL HOMBRE FEMINISTA

EL HOMBRE FEMINISTA

Porque sin vosotros la revolución es imposible.

No puedo evitar sorprenderme cuando aún hoy, con el movimiento social y mediático que se está produciendo, hay personas reticentes a afirmar que son feministas. Son progresistas y liberales, y tolerantes y gayfriendly, pero aún piensan que las feministas somos extremistas en pro de una supremacía femenina. Cuando la realidad es que TODOS deberíamos ser feministas; todos los que queremos que el género no sea una barrera para nada en la vida de nadie. Todos los que creemos que todos los individuos, independientemente de sus condiciones naturales o adquiridas, somos iguales, pues lo  tangible y lo inmaterial que nos compone es idéntico.

Pero en la vida cotidiana es muy recurrente que el feminismo se considere una postura demasiado “dura” y muchos se avergüenzan de autodenominarse así. Pero la realidad es muy simple: Si no eres machista, eres feminista.

def machismo

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Escucho, incomprensiblemente, a mujeres jóvenes renegando del feminismo: “ni machismo, ni feminismo”. No es así, o machismo o feminismo. No existe una posición intermedia, porque,  uno supone la subyugación de un sexo por parte de otro, y el otro el equilibrio de derechos entre los individuos con independencia del género.

La consideración errónea de lo que supone el feminismo (a saber, tomar medidas que hagan efectiva la igualdad) como una corriente de imposición de las mujeres sobre los hombres hace que no solo muchas mujeres, sino que una terrible mayoría de hombres renieguen del término. Hasta tal punto se produce este rechazo que ni tan siquiera se preocupan de informarse sobre su verdadero significado, atrincherándose en el cliché de que las feministas vienen a robarles sus derechos, y de paso su hombría. Otros defienden que las medidas para la discriminación positiva son una forma de favorecer a la mujer sobre el hombre. Cuando lo que se busca con estas medidas es igualar la posición de la mujer a la del hombre en una sociedad que se ha construido sobre toda una Historia dominada por el sexo masculino.

Los casos de abusos sexuales, de violencia de género, de discriminación, de exclusión social, de explotación sexual, etc. son la eclosión final de una serie de consideraciones sociales sobre la mujer. Considerarla un ser cuya motivación vital está siempre ligada al sexo opuesto; cuyo destino principal es la procreación; considerar que su lugar está ligado fundamentalmente al bienestar de su familia, por encima de las aspiraciones personales propias. Considerar, por tanto, que su educación o su trayectoria humana o profesional es secundaria. No se trata de lances del pasado. Ocurren hoy, en forma de la brecha salarial, del escaso acceso a altos cargos, de las cifras del paro que se ceban en las mujeres, de las agresiones verbales, de la displicencia hacia la mujer en distintos contextos, del peligro de la integridad física y moral al que toda mujer se expone por el mero hecho de serlo. Todo ello es consecuencia de una sociedad que es producto de un pensamiento que, de forma más o menos explícita, pone a la mujer por debajo del hombre. Si todos creciéramos con el absoluto convencimiento de que las mujeres y los hombres somos intrínsecamente iguales la cantidad de agresiones sexuales de los segundos a la primeras sería menor. Porque no existiría una idea basal que permite que un individuo se imponga a otro porque está culturalmente legitimado para hacerlo.

El pensamiento feminista busca precisamente cambiar ese poso no escrito que perdura en el ideario colectivo que coloca a la mujer en una ponderación inferior al hombre. Hoy hablamos de revolución, entendiendo este concepto como el cambio de un statu quo anticuado e injusto en favor de un nuevo orden social más equitativo y avanzado. Para que este proceso pueda realizarse se necesita a toda la sociedad en su conjunto. El feminismo no es una lucha solo de las mujeres. El feminismo debe implicar a los hombres. Porque no es algo exclusivo, ni diferenciatorio, sino todo lo contrario, es integrador e igualador. Porque ser feminista no le quita nada al hombre, sino que le da, le aporta. No le quita masculinidad, ni fuerza, ni potencia, ni autoridad. Le da solidaridad, empatía, salud en sus relaciones humanas, una mentalidad más abierta y tolerante. El feminismo ayuda además a que nos despojemos de los tópicos de lo masculino y lo femenino. Nos ayuda a aceptar que todos, hombres y mujeres, podemos tener todo tipo de emociones, actitudes y gustos.

Ser justos, ser solidarios, ser empáticos solo es posible si somos fuertes. Vencer el egoísmo innato, el miedo, la inseguridad que llevan a la imposición implica valor para ver las debilidades del propio individuo y de nuestra sociedad y el modo en el que esta está construida. Es decir, el feminismo nos hace fuertes a todos porque nos hace mejores. Y el cambio profundo de estructura que supone necesita de todos los hombres y todas las mujeres. No es que las mujeres os necesitemos en nuestra lucha. Es que la posibilidad de conseguir un mundo mejor nos necesita a todos. Porque sin vosotros, la revolución feminista es imposible.

la revolución unidos

 

Os dejo el enlace de una entrevista a Jordan Peterson, un psicólogo que se está haciendo rico a base de promulgar un discurso diametralmente opuesto al que expongo en este artículo, a mi modo de ver, basado en el miedo y en el desconocimiento de muchos de lo que es el  feminismo.

http://www.elmundo.es/opinion/2018/02/12/5a80aa4746163f61168b4622.html

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DESPERTAR EN VIOLETA

DESPERTAR EN VIOLETA

Hace aproximadamente un año que me desperté. Hasta entonces pensaba que yo era de lo más feminista. Que defendía la igualdad, con mis pequeños gestos, en el día a día. Pero yo no quería que hubiera un día de la mujer, porque consideraba que si teníamos que ser iguales, ¿por qué teníamos nosotras que tener un día especial? Eso solo nos alejaba más de la igualdad con los hombres, que no tienen ningún día. Así como las políticas que favorecieran a las mujeres, por ejemplo, en el ámbito laboral. O en términos de violencia de género. Aún le daba coba a argumentos como “si ella le pega a él debería ser juzgada con la misma ley”. Pero en un momento dado, tuve una serie de conversaciones con distintas personas que me hicieron reflexionar. Y abrí los ojos. Abrí los ojos al violeta y acepté el feminismo ampliamente y sin reservas. ¿Qué significa esto? Me explicaré por partes. Mi gran aterrizaje en el feminismo fue entender que sí, que es necesario e indispensable que las mujeres tengan leyes que favorezcan su inserción laboral. Leyes que las protejan específicamente contra la violencia y el abuso de cualquier índole. Y el motivo es simple, claro y tan meridiano hoy para mi, que apenas puedo creer que no lo hubiera visto antes. Las mujeres, la mitad de la población mundial, somos un colectivo desfavorecido desde que el mundo gira. Si, si, desfavorecido, como los negritos del África, y discriminado, como los mariquitas. Y maltratado, y sometido, como todos los estratos posicionados por debajo del poder del rico hombre blanco.  Sufrimos la esclavitud y la explotación a gran escala y de manera histórica. Y no hace falta acudir a los casos más truculentos de las páginas de sucesos. Las mujeres vivimos con la discriminación en la cotidianeidad del día día. En casa, en el trabajo, con los amigos y las amigas. Un veneno peligroso por impregnarlo todo con una aparente inocuidad.

En los últimos meses asistimos, a raíz del salto al espacio público de sonadas denuncias por abusos de hombres ricos y poderosos y mediáticos juicios, a una agitación necesaria y clamorosa de la sociedad en aras del feminismo. Del feminismo que, valga una vez más la reiteración ya casi rancia, es sinónimo de la igualdad de géneros. ¿Qué es esta igualdad? Además de cobrar lo mismo, de tener las mismas oportunidades, de poder decidir hacer con nuestro cuerpo lo que queramos, es  no tener miedo de andar sola por la noche, vestirte como te de la gana, no tener que aguantar improperios, ni properios de nadie que tú no quieras. Es irte con quien quieras a donde quieras, con las copas (y lo que no son copas) que quieras encima, sin que implique que te quieres acostar con él/ellos o que te estás exponiendo al peligro. Es negarte a hacer lo que sea cuando quieras, antes y durante, con o sin ropa, y que se te respete. Es hablar con cualquier hombre de igual a igual, sin tener que usar eufemismos, ni bajar la voz. Implica poder decir que la prostitución es explotación de primer orden y que la pornografía degrada a las mujeres y que esa degradación excita a millones de hombres en todo el mundo. Y no está bien. Y  pensar así y decirlo alto y claro no te convierte en una cerrada de mente o una exagerada (o en una histérica, celosa etc etc) por mucho que muchos estén empeñados en hacérnoslo creer. Todos ellos (y ellas) tienen que despertar también. Despertar en violeta.

En los próximos meses trataré temas relacionados con el feminismo, con su extrema importancia, y la necesidad imperiosa de que todos salgamos de la alienación que supone ese machismo socialmente aceptado.

Capítulo 4: Lobo Vivo, Lobo Protegido

Capítulo 4: Lobo Vivo, Lobo Protegido

El dinero es el motor de este mundo en el que vivimos. Bueno el motor en el mundo de las personas. Así que hablemos de dinero y de lobos. La caza del lobo es defendida por algunos ganaderos que achacan pérdidas económicas a los ataques de lobo. Primero hay que matizar que los ataques de este depredador  afectan a solo un 0’7% de los ganados en España. Segundo que existen medidas efectivas desde hace siglos que no hacen necesario ningún “control de la especie” (o sea matar lobos de forma premeditada y consentida) por parte de la Administración. Estas medidas son los mastines, la recogida nocturna del rebaño y el pastor eléctrico. Cierto es que los gastos que estas medidas generan podrían ser sufragadas por el Gobierno. Y podrían serlo si el dinero se dirigiera a la sostenibilidad en vez de a la matanza. Matar lobos produce un desiquilibrio brutal dentro de los ecosistemas, que lo necesitan para regular las poblaciones de herbívoros (corzo, jabalí, ciervo…) que pueden llegar a diezmar la vegetación así como para la eliminación natural de ejemplares enfermos o débiles. Pero es que además cuando se mata a un lobo no se sabe “quién” es ese lobo. La muerte de un alfa supone la descomposición de la manada, dejando a los ejemplares en una posición de debilidad que les lleva a atacar a presas más fáciles: como las ovejas.

Pero es que el lobo vivo genera dinero. El turismo emergente que busca observar al lobo en su medio natural atrae cada año a más gente que quieren disfrutar del espectáculo de contemplar a este animal majestuoso. Porque aprovecho también para resaltar que la verdadera observación y deleite de la vida salvaje es exactamente así: salvaje. Coger a cualquier animal, encerrarlo en una jaula o vitrina o cercado, me da igual, y exponerlo como una atracción de feria no solo lo denigra, quitándole esa magnificencia que solo la libertad puede darle, sino que es una forma de tortura, física y sicológica, que lo destruye poco a poco, proporcionándole una vida de dolor abocada a una muerte indigna y cruel. Como siempre digo, los animales salvajes han nacido para ser libres. Y es así como debemos admirarlos y amarlos, aunque nunca lleguemos a verlos en directo. ¿Qué mas da eso? Lo importante es saber que están ahí, que están dignamente vivos, y para eso debemos protegerlos de todos aquellos que quieren dañarlos. Y lo más importante inculcar en las nuevas generaciones la importancia de preservar estas joyas vivas, como el lobo ibérico, que es animal y es emblema de toda una Historia y de una fauna y flora únicas, las nuestras. Es nuestro Patrimonio Natural ¿de verdad vamos a dejar que lo destruyan?

El domingo 12 de Marzo las calles de Madrid se van a llenar de amigos del lobo que vamos a clamar y a apretar las tuercas para que el Estado se decida a ser el espejo de una España avanzada y cívica, y no de una zafia y anticuada. Eso sí, vamos a ir con lágrimas en los ojos. En la víspera, en la localidad de Villaciervos, se subastarán las vidas de un número indeterminado de lobos para que acaben decorando con sus cadáveres disecados el salón de unos cuantos energúmenos sin corazón.

Mientras espero que el Gobierno razone e incluya al lobo en esa lista de animales protegidos, como el oso, como el lince, sin tener que llegar a los extremos críticos que llegaron estos pobres perseguidos (¿es qué no se ha aprendido nada?) me quedo escuchando en mis cascos la música única de nuestros montes, el aullido de nuestro lobo. Que no se apague nunca. Lucharemos por ello.

Os dejo más información sobre la situación política del lobo ibérico en estos artículos enlazados a continuación de la foto:

SR Lobo Ibérico

http://www.abc.es/natural/biodiversidad/abci-turismo-lobo-mas-rentable-caza-201601151117_noticia.html

http://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/agricultura/ganaderia/Ecologistas-Congreso-preservar-Gobierno-proteccion_0_904710602.html

https://defensaloboiberico.org/category/prensa/

Capítulo 3: De lobos y de hombres

Capítulo 3: De lobos y de hombres

Hace más de 30.000 años los lobos se acercaron a los grupos humanos en busca de comida fácil rebuscando en sus desperdicios. Poco a poco ambas especies empezaron a convivir, cada vez una más cerca una de la otra. El ser humano no tardó en darse cuenta de que la compañía del lobo podría serle provechosa, para la caza, la guarda… Así comenzó una manipulación por la que los ejemplares mejor adaptados a las necesidades del hombre se cruzaban y reproducían. De esta forma, y durante miles de años de cruces y cruces, del lobo (canis lupus) se creó al perro (canis lupus familiaris). A día de hoy esta teoría está aceptada por la práctica totalidad de la comunidad científica, y es que el mapa genético de perro y lobo es prácticamente igual. De ellos puede decirse que pertenecen a la misma especie.

Toda esta historia siempre me hace pensar en qué estrecha y sorprendente conexión ha existido desde el albor de los tiempos entre el hombre y el lobo. Hasta el punto que empezaron a convivir de forma natural por los beneficios que mutuamente se aportaban. También me hace pensar en lo mucho que nos parecemos personas y cánidos; ambos necesitamos vivir en grupo, sociabilizar, organizarnos…Y en cuantas cosas, de las que solo el humano es capaz, nos diferenciamos.

El hombre hoy mata al lobo. No solo porque ataque a sus ovejas. No, lo mata por gusto. Porque hay quien disfruta con la muerte sin objeto, solo por el hecho de matar. Porque al lobo no nos lo comemos. Y su piel hace mucho que nos dejó de hacer falta para taparnos. El lobo ya apenas nos quita nada, y no nos da nada, muerto. Aún así al lobo se le persigue y se le mata, y se le odia. Cómo, si no es por odio puro, se cuelga por el cuello el cadáver de un lobo ibérico en la señal de un pueblo. Cómo, si no es por puro placer asesino existen casetas de tiro (¡prohibidas pero existen!) desde donde se les dispara atrayéndolos con carroña. Y esos que los masacran luego acarician las cabezas de sus perros de caza…A los que luego ahorcan en la rama de un árbol, en buena parte de los casos.

La historia del lobo, del perro, de los animales es siempre la misma, todo lo que hacen lo hacen dictados por el instinto: Matar, vivir, reproducirse, establecer lazos, morir. La historia de los seres humanos es muy distinta: Son capaces de los actos mas nobles de valor, solidaridad, amor, respeto…Y de los más terribles: Asesinar, torturar, violar, maltratar, destruir…

Esa doblez de la especie humana es la que hace que existan individuos capaces de colgar a un lobo muerto a la entrada de un pueblo. Y que existan y hayan existido personas como Félix Rodríguez de la Fuente, el pionero y mayor divulgador de naturaleza que haya visto este país y cuyo trabajo y amor por los animales, muy especialmente por el lobo, resuena con fuerza hasta nuestros días en la noble labor de asociaciones como Lobo Marley, por poner un ejemplo.

Disfrutar observando la belleza de la naturaleza viva, del lobo vivo y libre, es algo que engrandece el alma y la Historia del hombre. Disfrutar exterminando a todo ser vivo no hace más que denigrar al ser humano hasta el abismo más profundo de la maldad.

* Os animo a ver el vídeo de Lobo Marley del enlace  en el que su director Luis Miguel Domínguez, activo y reconocido divulgador de naturaleza, explica muchos datos de cómo actúan las casetas de la muerte y cuál es la terrible situación que están viviendo por atreverse a plantar cara a todos aquellos que se están lucrando de esta práctica ilegal y cruenta. Por favor, en su nombre, os pido que si podéis les déis una pequeña ayuda, la que sea, la necesitan. Y sobretodo el LOBO nos necesita.

Capítulo 2: Canis Lupus Signatus

Capítulo 2: Canis Lupus Signatus

Haciendo eco de las palabras del anterior capítulo, sólo a través de la educación y el conocimiento se puede llegar a la compresión, amor y respeto. Así que vamos a repasar algunos datos básicos sobre el lobo que habita en nuestro país.

El lobo ibérico, nombre científico canis lupus signatus, es una subespecie del lobo gris, (que habita en diferentes puntos de Eurasia, Norteamérica y Oriente) endémica de la Península Ibérica.  Aquí el lobo se encuentra en la cúspide de la cadena trófica, esto es que se trata de un superdepretador, como el oso pardo. Se alimenta principalmente de la carne de grandes herbívoros, a los que caza en grupo, como el ciervo y el jabalí. En ocasiones también consume carroña, pequeñas presas como roedores y bayas silvestres.

Posee un pelaje de color pardo, combinando grises, ocres y marrones. En invierno es muy espeso, protegiéndole del frío y las inclemencias del tiempo, mientras que verano es más corto para combatir las altas temperaturas. En la Península se da el caso de que a causa de la presión humana (que les obliga a camuflarse en un paisaje alterado por el hombre) el pelaje del lobo muestra poca variabilidad, y no existen ya casos de lobos  negros o blancos, que si pueden observarse en Norteamérica, por ejemplo.

Los lobos son animales gregarios, es decir, viven en grupos. Normalmente los lobos ibéricos se concentran en manadas de hasta nueve ejemplares, dominados por una pareja alfa, que son los únicos que pueden reproducirse. Toda la manada se encarga del cuidado y alimentación de los cachorros y, por lo general, la pareja alfa permanece unida toda la vida. Los lobos establecen dentro del grupo complejas relaciones de jerarquía y fuertes lazos familiares. Tienen además un sistema de comunicación basado en olores y señales visuales y sonoras, como sus famosos aullidos que les sirven para marcar su territorio e identificarse unos a otros en los confines del bosque.

En España las poblaciones de lobos se concentran en dos zonas divididas por el río Duero. Al Norte tenemos las poblaciones de Galicia, Asturias, Cantabria y las más numerosas en Castilla y León. En esta parte del país el lobo no está protegido por la ley y puede cazarse.  Al sur del Duero existe una frágil población fragmentada en puntos del centro de España y Andalucía. Esta población se encuentra muy amenazada y acabó por ser protegida.

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Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

Capítulo 1: ¡Qué viene el lobo!

El lobo es el antagonista de todos los cuentos. Entre las transformaciones  del espeluznante Drácula, el lobo es una. Asociado al mal por la más antigua tradición popular hasta el punto de la existencia del término licantropía, que tanto hace referencia a la transfiguración mitológica del hombre en lobo como al transtorno clínico real de quien cree convertirse en lobo.

No hay que reflexionar mucho para entender la raíz de todo este oscuro folklore. El hombre y el lobo son competidores en el medio natural. Y desde que uno se hizo ganadero el otro cazó a sus rebaños. El hecho de amenazar el sustento del ser humano le valió al lobo ser la personificación de lo maligno. Y de ahí surgen todas esas leyendas e historias de monstruos, de niñas engañadas, de abuelas devoradas, de cerditos astutos…

Pero la influencia del lobo en el imaginario popular sobrepasó el oscurantismo de la Edad Media. El grito “¡Qué viene el lobo!” se ha escuchado durante los siglos posteriores hasta bien entrada la era contemporánea. No hay más que acercarse al medio rural para apreciar cuan vigente está la figura del lobo entre los paisanos. Los mayores cuentan historias de juventud, de como iban a perseguir al lobo en grupos por el bosque como parte natural de la vida cotidiana. Como Fulano mató a tal lobo o como tal lobo le mató a Mengano diez ovejas y un mastín. Y no se quedan en historias del pasado. En esos entornos aún hoy se habla de quien y cuando ha visto al lobo.

Me gusta el romanticismo que hay en que se le nombre de esta forma identitaria que le da al animal ese tono casi fantástico o divino. No es lo mismo ver un lobo que ver al lobo. Sin embargo la realidad es mucho más prosaica y triste. Al lobo se le sigue exterminando como en los tiempos más negros de la Humanidad. Porque para el hombre sigue siendo más fácil matar que invertir en medidas sostenibles en una apuesta por el  respeto al medio ambiente y el desarrollo global de valores más elevados.   La leyenda negra del lobo le sigue estigmatizando, y una gran cantidad de gente, por puro desconocimiento, continúa identificando al lobo con aquello que hay que temer.

Como todo lo que supone un avance y una mejora para la sociedad solo con educación y conocimiento se erradicarán comportamientos e ideas aberrantes. Afortunadamente ya somos muchos los que nos interesamos por la vida salvaje y la importancia de su conservación. Pero seríamos muchos más y los problemas se solucionarían antes y mejor si la Administración tomara cartas reales en el asunto. Pero ese, será tema para otro capítulo.

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MIS METAS AJENAS

MIS METAS AJENAS

Es una tarde gris de octubre en Barcelona. El otoño se ha presentado con su aspecto más típico. Hace semanas que llueve. Y eso para un gallego es lo más normal del mundo. Pero para los hijos del Mediterráneo no deja de ser una incómoda novedad. Parece que no sepamos bien como funcionar sin los rayos del sol. Con el paso mojado de los días a los malacostumbrados a la luz se nos ensombrece el gesto.

 Llevo días pensando en algo. No me atrevería a llamarlo revelación pero sin duda es un descubrimiento.Acabo de cumplir treinta y tres años. Hace ya diez que vivo en esta ciudad, hoy plúmbea, normalmente blanca y azul, como donde nací. No hace mucho que una acuciante ansiedad por fin me ha abandonado. No había sido consciente del todo de ella, más que en contadas ocasiones. Pero estaba constantemente ahí, como un silbido continuo, como un martilleo rítmico e incesante.

 Nos plantamos en este mundo de adultos como niños malcriados y dudosos. Y empezamos a caminar dando tumbos con un enorme letrero delante que en rojo reza: META. Y entonces empiezas el recorrido en busca de pequeños logros que llevan al gran triunfo final: el ÉXITO. Pero durante el camino surgen cuestiones. Cuestiones que uno puede ignorar, caminando hacia delante como un asno con anteojeras. O que puedes intentar responder. Y esa respuesta puede ser una mentira cómoda. O puede ser una verdad punzante como el agua helada.

 Todos tenemos una cualidad más desarrollada. Algunos tienen un increíble don de gentes. Otros una prodigiosa memoria. Algunos poseen una mano fabulosa para la cocina. Otros entienden perfectamente la mecánica de los aparatos. Algunos pueden venderte hasta a su abuela y otros son capaces de pintar las escamas de la piel humana. Y entre una ingente cantidad de tendencias innatas o aprendidas, hay personas que escriben. Personas que mediante la palabra escrita encuentran el vehículo natural para expresarse, comunicarse, transmitir o, simplemente, existir. Ser.

 Como lo mejor que he sabido hacer en mi vida ha sido escribir, como siempre me ha producido una alegría y seguridad totalmente intrínsecas a mi persona, un día concluí que escribir era mi profesión. No llegué a ese día por la vía recta. Tropecé con incontables escollos y me equivoqué tomando numerosos caminos alternos que no llevaban a ningún lado. Un camino sin salida, un camino sin satisfacción.

 No sin mucho insistir conseguí llegar a un lugar donde escribías y te pagaban por ello. La vida quiso darme una oportunidad y por unas circunstancias azarosas, y también porque les gusté, me contrataron. Hace ya cinco años que cobro por escribir. Cada mañana me levanto, viajo en metro de mi casa al centro de la ciudad, llego a la productora y me siento delante de un ordenador a escribir. Cada final de mes mi cuenta recibe un ingreso satisfactorio por hacerlo. Y además me gusta. Entonces, ¿por qué he estado todo este tiempo con una constante desazón interior? ¿por qué me he presionado y culpado por no hacer más, por llegar más allá, por “desperdiciar el tiempo”? ¿por qué creía que tenía que buscar como demostrar todo mi potencial? ¿por qué tenía que escribir y presentarme a concursos literarios para ganar? ¿por qué tenía que acabar mi novela y publicarla a toda costa?

 Andando a pasitos hacia eso que llaman la ¿madurez? he ido cargando con una losa sobre mis hombros que me presionaba hacia abajo sin permitirme levantar la cabeza y ver el horizonte. La búsqueda del ÉXITO me estaba provocando un terrible dolor de espalda.

 Sería muy fácil echarle la culpa a la “sociedad”,  que nos ha inculcado que siempre hay que llegar más lejos, ambicionar nuevos retos, superarse, lograr tus sueños… Viviendo a su vez en un constante estado de insatisfacción. Pero, ¿qué pasa cuando un día te levantas y te das cuenta que tus sueños no tienen nada que ver con todo eso por lo que te has estado obligando a esforzarte? ¿qué pasa el día que te paras y realmente te preguntas quién eres y qué es lo que quieres? No voy a mentir. Para contestar a esas preguntas hace falta tener valor, porque puede que la respuesta no te guste. Pero si quieres vivir con cierta paz interior más vale encajar la verdad, aceptarla y finalmente ser lo más feliz posible con ella.

 Yo nunca había contestado con sinceridad a esas preguntas. Hasta hace poco. Supongo que las vivencias te van situando en el momento indicado para afrontar determinadas cuestiones. Un día me pregunté, con suma sencillez: “¿Qué quieres? Pero… ¿Qué quieres de verdad?” Las respuestas fueron tan sencillas como la pregunta: Quiero despertar cada mañana y verme en los ojos de quien amo; quiero que la gente que quiero esté bien; quiero ver brillar el sol, el vuelo de los pájaros, admirar una flor en medio del asfalto. Quiero pasear por un bosque; quiero bañarme desnuda en el mar. Quiero disfrutar de una tarde de risas con mis amigos, degustar un buen vino, ir a cenar con mi familia. Quiero ver a los niños y a los perros jugando por la calle. Quiero viajar, descubrir sitios nuevos, nuevos sabores y olores. Quiero deleitarme admirando una obra de arte. Quiero cantar mal las canciones que me gustan. Quiero que me hagan reír. Quiero ver películas buenas. Quiero llorar de emoción. Quiero leer buenos libros. Quiero disfrutar de la escritura cuando la escritura me llame.

 Entre todas esas respuestas no estaba el ÉXITO. Fue duro admitir para alguien a quien le gusta crear, que en realidad, no alberga deseo alguno de conseguir un cénit, una cumbre última y total. Qué el cartel de META con letras rojas se ha hecho añicos. Aceptar que la máxima ambición que se tiene en la vida es disfrutarla todo lo posible, afrontando los momentos difíciles, celebrando los fáciles.

Ojala siempre pueda trabajar de lo que me gusta. Ojala siempre pueda sentarme a escribir por placer. Me he desprendido de las metas que eran de otros. No espero de mí “la gran cosa”. Y me siento libre para simplemente celebrar mis sencillos, simples y alcanzables sueños, sin rastro alguno de decepción. Al contrario, con orgullo de no tener que hacer nada “especial” para sentirme satisfecha.

 Decía José Luis San Pedro que el escritor es como un minero, tiene que cavar en su interior para poder escribir de verdad.
Las últimas gotas de lluvia resbalan por el cristal de la ventana. Unos rayos naranjas del último sol se filtran a través de las ramas de los árboles. En Barcelona por fin ha dejado de llover y el sol ilumina nuestros rostros mimados por la luz.

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